07 abril 2013

El subsidio del pasaje del metro del DF


El 18% de los viajes realizados en transporte público en la Zona Metropolitana el Valle de México se realizan en Metro[1]. En el 2011 este medio de transporte, inaugurado en 1969, transportó 1,488 millones de pasajeros, y con en 2012 alcanzó su máximo, transportando 1,609 millones de pasajeros.
Durante su campaña hacia la jefatura de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, aseguró que el Metro es “el medio de transporte más importante en la capital, por tanto lo debemos seguir subsidiando”. La importancia del metro es incuestionable, pero no sobra la pregunta ¿debe seguir siendo subsidiado?
Las finanzas del metro han dependido -desde su nacimiento- de diferentes apoyos gubernamentales, tanto para operación como construcción. Al respecto, en el boletín de prensa de inauguración del metro (16 de junio de 1967) se mencionaba “que el Departamento del Distrito Federal debe absorber el costo de la totalidad de la obra civil, o sea que al fijar la tarifa solamente trate de recuperar o amortizar el costo del equipo y gasto de operación, a fin de obtener la tarifa adecuada al ingreso de los trabajadores, empleados y demás sectores que forman la mayoría de la población…
En este sentido, la historia es clara. Durante los primeros años los ingresos por pasaje crecieron (debido a su demanda), pero a partir de 1973 caen (véase Gráfica 1). Esto, aunado a crecientes costos financieros (deuda) derivados por las inversiones en obra, generó enormes pérdidas[2] que orilló al metro a contratar deuda para cubrirlas. La situación continuó hasta 1978 cuando el gobierno federal absorbe la deuda acumulada del metro desde su inauguración, de 1,194 millones de pesos (a precios de 2010), para sanear sus finanzas (González, 1988) y continuar con la expansión del sistema[3]. Asimismo, el entonces Departamento del Distrito Federal separó a el STC-Metro a quien le da la operación y crea COVITUR (Comisión de Vialidad Transporte Urbano) que se encarga de la construcción del metro[4]. Con este gran apoyo y restructuración de funciones  se pretendía eliminar los problemas financieros de operación del metro derivados de la expansión del sistema.
Pese a lo anterior, la política tarifaria fue desde un inicio mantener el precio del pasaje fijo (entre 1969 y 1986 el precio fue de 0.01 centavos de pesos de actuales) sin tomar en cuenta la inflación o el incremento de costos. Esto generaba que los ingresos recaudados por tarifa se redujeran en términos reales, por lo que para operar se requería transferencias del entonces Departamento del Distrito Federal o del gobierno federal; lo cual constituía un subsidio a la operación. Esta política también ocasionó serios problemas financieros, cuando la inflación acumulada por años y, en especial la de la crisis financiera de 1982, erosionó el valor real del boleto e ingresos. Las transferencias pasaron de representar el 181% de los ingresos por pasajes del metro en 1980 a 1,606% en 1985 (González, 1988). La situación fue insostenible en 1987 y tuvo que ser compensado con diversos incrementos del precio del pasaje hasta llegar a 1 peso (10,000% de aumento).
Después de este evento, la tarifa del metro ha aumentado en precios nominales, es decir, sin tomar en cuenta la inflación, hasta llegar a la tarifa actual de 3 pesos. Sin embargo, si se toma en cuenta la inflación histórica de México, el precio del pasaje en realidad ha mantenido un valor real estable de entre 2 y 3 pesos (del 2010), bajo la mecánica de permitir una pequeña depreciación real, para ajustarse eventualmente al alza (véaseGráfica 2). Esta política ha llevado a que en términos reales la tarifa haya descendido de un precio inicial de 6 pesos en 1969 a 3 pesos en 2010 (véase Gráfica 2) y no aumentado como parecería si no tomamos en cuenta la inflación.
Dado los antecedentes históricos, es necesario reflexionar sobre la política de subsidio; tanto en términos de su conveniencia, si debe de mantenerse o si este tiene la forma más adecuada. Sobre todo cuando se observan las condiciones deficientes del servicio del metro y que se estima que el subsidio llegue a ser de más de 6 mil millones de pesos anuales con la entrada en funcionamiento de la línea 12.
Debido a esta falta de ajustes, en los últimos 8 años los ingresos por pasaje solo cubre en promedio el 42% de los gastos de operación. Por la presión financiera, el Metro ha diversificado sus ingresos mediante la renta de locales, venta de espacios publicitarios y de espacio aíre para señales de celular. Estos ingresos no superan el 7% del total de los ingresos en promedio en los últimos ocho años. Por estas razones, el Metro recibe una transferencia directa del gobierno del DF contabilizada como “apoyo a la operación” (el subsidio del servicio) para cubrir sus costos operativos, que ha sido del 51% en promedio en los últimos 8 años.
El apoyo a la operación se asigna año con año de acuerdo al presupuesto de egresos e ingresos del Distrito Federal. No obstante, estos solo se presupuestan para complementar el gasto de operación, dejando pocos recursos para inversiones y mantenimiento. Esto ha tenido como consecuencia que hasta el año 2010 exista una depreciación acumulada de 5,195 millones de pesos no cubierta. El resultado es un obvio detrimento de calidad de las instalaciones y los servicios que presta. Para ser cubierta esta falta, el precio del boleto debería de alcanzar aproximadamente los 10 pesos[5].
Ante este contexto financiero del metro, resulta necesario replantear la política de subsidio tarifario. Por un lado, es necesario reducirlo, mediante aumento del pasaje transportado, que implica políticas de densificación alrededor de las áreas de influencia del metro y creación de un sistema integrado de transporte que alimente al mismo sistema. Por otro lado, también implica pequeños incrementos de la tarifa. Por ejemplo, el aumento de un solo peso brindaría casi 1,500 millones de pesos anuales, que bien podrían ser usados para el mantenimiento necesario del metro y recuperar parte de los activos depreciados. Estos pequeños aumentos del costo de un viaje no son mal vistos por los usuarios, en una encuesta realizada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en diciembre 2009, el 80% apoyaba un incremento de la tarifa, lo cual sucedió el primero de enero de 2010.
También se requiere modificar la política de cortesías, la cual se implementó desde 2005, como parte de los beneficios de la Red Ángel y apoyada en la Ley de las Personas Adultas Mayores del Distrito Federal. Hasta 2012 suman más de 910 millones de entradas por cortesías[6], lo que implica ingresos no recibidos por 2,730 millones de pesos. Tomando en cuenta que la población de México esta sufriendo un acelerado envejecimiento, esta política puede ser inviable para el sistema en el largo plazo. Modificar esta política, no debe implicar dejar de apoyar a grupos vulnerables. Bien se podría cobrar el pasaje a un peso (descuento del 75% del precio del boleto más el subsidio que incluye) y obtener ingresos por más de 273 millones de pesos anuales, para reinversión en el sistema[7].
Ahora bien, las modificaciones no implican ni llevar a cero el subsidio, ni dejar de otorgar beneficios a los grupos vulnerables (que la ley demanda), ni eliminar las transferencias anuales al metro; puesto que generan un beneficio social. El equilibrio de las finanzas y del servicio del Metro requiere políticas de subsidio adecuadas que tengan como objetivo la calidad del servicio y una visión de largo plazo. Lo cual sin duda requiere de un análisis detallado de la política de subsidio del servicio del metro y de sus finanzas.
Finalmente, si se trata de cuestionar y eliminar subsidios para mejorar la movilidad de la ciudad, el otorgado a la tenencia debería de ser el primero en desaparecer y lo recaudado bien podría ser usado para financiar las transferencias anuales al metro. No es justificable que se premie el uso de un medio de transporte que tantos daños sociales, como el automóvil, pues causa (contaminación, accidentes, tráfico, etc.) por sobre los medios de transporte público masivos que benefician a toda la población. De ejemplo, sólo basta resaltar un el reciente estudio de Lalive et al. (2012) que demuestra que subsidiar el transporte público ferroviario reduce los daños generados por el uso excesivo del automóvil.
[1] Fuente: Encuesta-Origen Destino, 2007.
[2] En 1973 representaron 83% de los ingresos por pasaje. Cálculos propios.
[3] Durante 1973-1977 no se construyó ningún kilómetro extra de metro. A partir de 1978 se reanuda su construcción y no para hasta el año 2000. Construcción que vuelve a ser recuperada con la inauguración de la línea 12 el presente año.
[4] Henry, E., & Kühn, F. (1996). Del metro a sus variantes: lecciones mexicanas y otras. Condatu VII, Urban Transport in Developing Countries (págs. 87-108). New Delhi: Conference Proceedings.
[5] Estimación propia, derivada de dividir los costos totales, incluyendo depreciación, entre pasajeros trasportados en 2011.
[6] Datos del STC-Metro.
[7] En 2011 se otorgaron 152 millones de entradas de cortesía.

31 marzo 2013

El contexto de la crisis de agua en la Zona Metropolitana del Valle de México


[Publicado originalmente en Distintas Latitudes en 2009]

Desde hace tiempo se había advertido que el crecimiento desmesurado de la Ciudad de México tendría consecuencias graves si no se planeaba adecuadamente. Eso nunca sucedió y las consecuencias hoy en día son: contaminación, tráfico, inundaciones, desabasto de agua, entre otras.

Todos estos problemas se sufren cotidianamente y la ciudadanía ha aprendido a sobrellevarlos hasta que alguno sale de control llegando a niveles insoportables y generalizados; lo que saca a flote todas las causas escondidas detrás de cada uno de estos problemas.

Recientemente el turno fue del abastecimiento de agua. La Comisión Nacional del Agua (Conagua), el Sistema de Aguas de la Ciudad de México y la Comisión de Aguas del Estado de México, han debido anunciar, desde principios de año, recortes en el suministro de agua a 10 delegaciones y 13 municipios del Estado de México, situación que ha afectado a 5.5 millones de personas [1]. Esta circunstancia no tiene precedentes históricos y sólo ha causado pequeñas afectaciones, pero de continuar así en los años venideros podría llevar a consecuencias insospechadas. 

Las causas de esta crisis no se deben únicamente al abastecimiento de agua de la ciudad (la oferta), también se deben en buena medida al consumo de agua (la demanda) del los ciudadanos de esta urbe. Es por ello que lo ideal es explicar brevemente el contexto de esta  situación.
La problemática con el abastecimiento de agua de la ZMVM

La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) se abastece de agua de diferentes fuentes, siendo las principales: el acuífero subterráneo del Valle de México, que contribuye con el 70% del abastecimiento; la cuenca del Río Lerma, que contribuye con 9%, y la Cuenca del Río Cutzamala, que contribuye con el 21% del abastecimiento [2]. Es en esta última fuente que se localiza el problema de la actual crisis de agua.

El sistema Cutzamala fue planeado en 1976 para abastecer de agua a la ciudad y detener la sobreexplotación del acuífero subterráneo del Valle de México. El sistema está diseñado para capturar el agua de la cuenca del Cutzamala y acumularla a en siete presas antes de ser transferida a la Ciudad de México. Estas presas son: Tuxpan, El Bosque, Ixtapan del Oro, Colorines, Valle de Bravo, Chilesdo y Villa Victoria. Posteriormente, de las presas, el agua es  bombeada a más de tres mil metros de altura sobre el nivel del mar, y posteriormente  trasladada hasta la ZMVM, haciendo que este sistema sea altamente intensivo en energía y costoso.

El problema actual con este sistema es que las presas cuentan con un nivel muy bajo de agua, el cual no puede cubrir la demanda de la ZMVM durante todo el año. Las razones de esta situación son diversas y se entretejen para configurar un problema complejo. La primera causa, es la escasa lluvia registrada durante el año pasado, que ha impedido a las presas recuperen su nivel. A principios de enero de 2009, las presas registraban un nivel promedio del 63% de su capacidad, cuando un año antes habían registrado niveles del 85%. [3]

La segunda: el azolve (acumulación de lodo y basura) de las presas, lo cual reduce la capacidad real de almacenaje de agua de las presas. De acuerdo a declaraciones de José Luis Luege, director de Conagua, en la Presa Tuxpan se perdieron 60% de las 7 hectáreas que componen la presa Tuxpan por problemas de azolve. [4]

La tercera: la deforestación que es un factor que impulsa las dos anteriores. Por una parte, los árboles, entre sus tantos beneficios, pueden mantener la tierra suelta en su lugar. Sin estos, las precipitaciones lavan el suelo y arrastran la tierra hasta los distintos canales del Sistema Cutzamala, la cual termina azolvando las presas. Además, sin los árboles, las lluvias son mucho más escasas, ya que la presencia de grandes bosques contribuye a la formación de nubes, puesto que aumentan la humedad local a través de su transpiración natural.

La cuarta: la pérdida de agua del sistema por toma clandestina y filtraciones en canales y presas. De la presa Tuxpan a la Presa de El Bosque en Michoacán, se detectaron al menos 700 tomas clandestinas y la misma presa de Bosque se halló una filtración que hace que pierda hasta 3 mil litros por segundo. [5]

Dadas las anteriores razones, se estima que el sistema Cutzamala requiere de un programa de inversiones del orden de los 9 mil 103 millones de pesos para su rehabilitación [6], así como de un programa de reforestación en la cuenca del Cutzamala, para atacar las causas de la falta de lluvia y el azolve. Sin estos, el sistema poco a poco se comenzaría a deteriorar hasta que no pudiese abastecer de agua a la ZMVM.

El consumo de agua en la ZMVM
El  recorte en el abastecimiento de agua a la ZMVM ha desatado una crisis, pero este sólo es una cara del problema. La otra parte es el enorme consumo de agua que se da en la ciudad, que es en promedio 320 litros al día por habitante. En cambio en otras ciudades del mundo el consumo es mucho menor. Por ejemplo, el promedio de consumo por habitante en Nueva York y París es de 200 litros al día y en Barcelona de 114 litros al día. [7] Sin este enorme consumo, probablemente las presas del Sistema Cutzamala registrarían mayores volúmenes almacenados de agua y no serían necesario los recortes.

El consumo desmedido de agua se ha arraigado en la cultura diaria de los habitantes de la urbe: se lavan los coches con manguera; se deja la llave abierta del agua al lavarse la boca; también se limpian las banquetas utilizando mangueras, etcétera.

Una de las razones de estos hábitos de consumo son los incentivos que genera la política tarifaria del agua. El costo del metro cúbico de agua (1,000 lts.) que se envía a la ZMVM por medio del Sistema Cutzamala se encuentra altamente subsidiado y se cobra de 2 a 5 pesos. Esta situación hace que las personas no valoren lo que en realidad cuesta un litro de agua puesto en la comodidad de su casa y, por lo tanto, se tienda a hacer mal uso del recurso al considerarlo abundante y barato.

Si la tarifa del agua reflejara al menos su costo real de producción el desperdicio se vería reducido. Sería absurdo ver en la calle a personas lavando sus carros con el líquido de aguas de botellas de 5 pesos el litro, ya que esto les resultaría sumamente caro.

A su vez, de acuerdo al Centro Mexicano de Captación de Agua y Saneamiento, de cada 100 litros extraídos para la dotación de agua, 15 de ellos se pierden por fallas del excusado, en tinacos, cisternas, tuberías y llaves dentro de las casas. Tarifas que reflejasen el costo real del agua, harían a la población más consciente e incentivarían a que la gente cuidase más sus instalaciones, para ahorrar agua. [8]

Debe resaltarse que no bastaría con incrementar las tarifas, también habría que desterrar del imaginario popular la idea de que es el gobierno es el culpable y es la solución de todos los problemas, en cuanto a servicios e infraestructura se refiere. El consumo de agua del habitante de la Ciudad de México es parte del problema y, en consecuencia, es parte de la solución.

Comentarios finales
El problema de la administración del agua en la ZMVM es complejo y no se limita a esta crisis sucedida a causa del corte del Cutzamala. La sobreexplotación del manto acuífero del Valle de México es causa del hundimiento de la ciudad, el cual afecta toda la infraestructura pública: daña las calles, las banquetas, la red del metro, las redes de servicio de drenaje y alcantarillado, las tuberías de agua, las construcciones, etcétera.  Situación similar pasa con la sobre explotación de la cuenca del Lerma, que se ha traducido en una reducción de la fertilidad de los suelos agrícolas y afectando negativamente el ingreso de los productores agrícolas de esa zona.

Los problemas de dotación, la falta de visión y de planeación adecuada llevaron a una situación paradójica en la ciudad. En un año llueve lo suficiente para abastecer las necesidades de la población; sin embargo, suelen provocar inundaciones en toda la ZMVM. Algunos podrán decir que la solución es capturar las lluvias, pero crear una infraestructura pública que lo permita hacer adecuadamente requeriría de gastos multimillonarios que difícilmente se podrían realizar en el corto plazo. Además, no se toma en cuenta que el 70% del agua que se precipita se evapotranspira y regresa a la atmosfera. [9]

Existen otros tantos problemas, como disparidad en la distribución y consumo de agua, riesgos de inundación por aguas negras, contaminación de mantos freáticos, etcétera. Estos junto a los mencionados anteriormente son sólo una muestra del contexto donde se desarrolla la actual crisis de abastecimiento de agua de la ZMVM, en la cual generalmente se suelen proponer soluciones del tipo de ingeniería hidráulica para solucionar el problema, muchas de las cuales sin duda se deben de realizar. Sin embargo, de nada sirve que se construya nueva infraestructura, que va a costar miles de millones de pesos, para traer agua desde distancias lejanas, si no se reduce el consumo de agua a niveles sostenibles. Como parte de la solución también se requiere de una revalorización del agua como recurso escaso y un cambio cultural que se traduzcan en una modificación de los hábitos de consumo de los habitantes de esta urbe.


[1] Conagua, Comunicado de Prensa No. 001-09, México, D. F., a 08 de enero de 2009
[2] Torjada, Cecilia, “Water Management in Mexico City Metropolitan Area”, Water Resource Development, Vol. 22, No. 2 353-376, June 2006.
[3] Conagua, 2009. Op. Cit.
[4] Descubren Fugas de agua al Cutzamala, Reforma, 5 de Mayo de  2009.
[5] Ibídem.
[6] Conagua, Comunicado de Prensa No 101-09, México, D. F., a 30 de junio de 2009
[7] Padgett, Humberto, La Escasez del agua en el DF y la zona metropolitana, Revista Emeequis, 19 de enero de 2009 pp. 16-29
[8] Ibídem.
[9]  Comisión Nacional del Agua, Estadísticas del Agua 2005 de la Región XIII, Aguas del Valle de México y Sistema Cutzamala, México, 2005, pp. 10.

30 marzo 2013

Motorville

Este vídeo me ha parecido maravilloso. Una crítica feroz al modelo de movilidad de Estados Unidos basados en el automóvil y dependiente del petroleo. Dependencia que daña a todo el mundo.


Motorville by Patrick Jean from Iconoclast on Vimeo.

17 enero 2013

La colonia Roma y los parquímetros


El temblor de 1985 afectó enormemente a la colonia Roma, por lo cual se despobló y cayó en cierta decadencia. Pero su magnífica ubicación en la ciudad y los precios inmobiliarios deprimidos por su decadencia, la volvieron muy atractiva para distintos negocios, desarrollos, actividades y, principalmente, para una nueva generación que no sufrió el desastre del temblor ni padeció su fantasma.

Esto le ha dado una nueva dinámica social y económica que ha resultado en hacerla un destino de viajes importante en la ciudad. Lo cual no ha venido exento de problemas. Dado que existe un espacio limitado de vía pública, la nueva dinámica y atracción de viajes se ha transformado en un problema de estacionamiento de automotores en la vía pública.

Este problema es ya conocido: tráfico, contaminación, ruido, tiempos largos de búsqueda, estacionamiento en banqueta, etcétera. A la par de la aparición de un mercado negro, donde los llamados “franeleros” aprovechan la alta demanda de lugares para obtener ganancias. Mercado en el que también los valet parking se encuentran envueltos en mayor o menor medida. El resultado es un daño social, que no sólo afecta a sus habitantes, también se vuelve una barrera para la recuperación y consolidación de la colonia.

Ante este problema, lo que se requiere es un mejor uso del espacio escaso de estacionamiento, lo cual se puede realizar mediante la instalación de parquímetros. Se establece un instrumento económico que desincentiva ocupaciones de larga estancia, los viajes innecesarios en automóvil y favorece de los viajes de corta estancia, en beneficio de los negocios. Lo cual además de eliminar el mercado negro, genera recursos para la misma colonia. Esta solución es la que se impulsa actualmente con el programa concesionado ecoParq y que se votara en consulta pública el próximo 20 de enero.

Los resultados preliminares de la implementación en Polanco de ecoParq son positivos. Antes de los parquímetros, la ocupación promedio era de un 93% de los lugares de estacionamiento y se requería 13 minutos de búsqueda para encontrar lugar. Con su implementación pasó la ocupación a 53% y el tiempo disminuyó a 3 minutos promedio.

Es importante señalar que la propuesta de ecoParq contiene un mecanismo de reinversión en espacio público (30% de lo recaudado), que no sólo legítima el sistema ante los vecinos, también consolida la recuperación de la colonia al mejorar la infraestructura existente, incrementando el valor de la misma. Algo que ya se ha visto en otras partes. Por ejemplo, se menciona que los parquímetros incrementaron entre 3% y 4% la plusvalía inmobiliaria en Polanco.

Ahora bien, este mecanismo económico genera los incentivos tanto para autoridades, empresas y vecinos impulsen el cumplimiento de la ley, pues todos ganan de alguna forma con ello. No así con el mercado negro, que por el contrario, incentiva al incumplimiento de la ley y a la corrupción.

Habrá que aclarar que los parquímetros son sólo convenientes en donde haya una buena oferta de transporte público, para absorber la demanda de viajes desplazada, y la colonia Roma cuenta con él: dos líneas de metrobús, dos de metro, un corredor cero emisiones, a lo que hay que añadir el sistema de bicicleta pública (ecobici) recientemente inaugurado.

A lo anterior, el sistema puede generar otros beneficios. A) Medio ambientales, pues impulsa menos emisiones y ruido por menor uso del auto. B) Equidad, en el sentido de que son los visitantes en automóvil los mejorar el espacio público de los residentes. C) Económicos, al facilitar el estacionamiento, crear empleos formales e incrementar la productividad (con tiempo ganado). Entre otros beneficios.

Es así que la aprobación de la instalación de parquímetros en la colonia Roma tendría grandes beneficios, los cuales sólo se realizaran bajo tres fundamentos: a) participación ciudadana en administración; b) un reparto equitativo de recursos entre el concesionario y el gobierno; C) Evaluaciones continuas y trasparencia de recursos. De otra forma, los beneficios serán sólo parciales o en el peor de los casos resultara en un fracaso.

26 noviembre 2012

La valla y la movilidad urbana: un gobierno desligado de la población

Foto: vía Animal Político

La toma de posesión de la presidencia de la república  en un país considerado democrático, debiese ser un acto cargado con un simbolismo positivo, el cual permitiera establecer que existirá un dialogo entre el gobierno y la sociedad civil. Sin embargo,  la forma de la toma de posesión de la presidencia por Enrique Peña Nieto esta cargada de todo lo contrario.

Con el pretexto de garantizar la seguridad en la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, el Estado Mayor Presidencial, con apoyo del Gobierno del Distrito Federal, anunció el cierre por 7 días de las calles aledañas al congreso de la Unión (Congreso de la Unión, Fray Servando, Siday Rovirosa, Eduardo Molina y Emiliano Zapata), 10 estaciones de metrobús y 5 estaciones de metro. Esto sin considerar las afectaciones a la movilidad cotidiana de miles de personas, pues ni siquiera se considero un servicio de autobuses para salvar estas afectaciones.

De acuerdo a los datos del Sistema de Transporte Colectivo Metro es posible saber que en las 5 estaciones cerradas de la línea 1, 4, 8 y 9 (Santa Anita, Jamaica, Fray Servando, Candelaria y Merced) abordaron en conjunto un promedio diario de 116,213 personas en 2011. Si el cierre durara 7 días, así que al menos 813,489 viajes resultaran afectados, pudiendo ser hasta 1,626,978 si suponemos ida y regreso a la misma estación. A esta cifra habría que agregarle los afectados por el metrobús, microbuses, autobuses y automóviles que circulan en la zona. Lo cual fácilmente podría sumar otro medio millón de viajes afectados. Ya no hablemos siquiera de los vecinos afectados.

Por si fuera poco, hay que recordar lo estratégico de la zona para el transporte metropolitano. La Calzada Ignacio Zaragoza, vialidad que conecta con zonas densamente pobladas como los municipio conurbados de Nezahualcoyotl, Chalco y la delegación Iztapalapa, culmina en el reciento legislativo. Igualmente, enfrente se localiza la Terminal de Autobuses de Pasajeros Oriente (TAPO) y el Centro de Transferencia Multimodal (CETRAM) San Lázaro, nodos fundamentales del transporte metropolitano y de comunicación con la republica mexicana. Tan sólo, durante 2011, abordaron diariamente 42,127 personas en la estación de metro San Lázaro y se estima que la CETRAM sirvió a 68,00 pasajeros diarios (Evalua DF, 2011).  

Las protestas no se han hecho esperar y a través de twitter surgió el hashtag #MarceloAbreElMetro para pedir al jefe de gobierno del Distrito federal, Marcelo Ebrard, que no cierre las estaciones pues es su potestad tal decisión. Las protestas parecen haber tenido efecto y el Sistema de transporte Colectivo Metro ha anunciado que sólo cerrara dos estaciones (Fray Servando y Candelaria, línea 4), reduciendo las afectaciones en el metro a tan sólo 99,489 viajes (o 198,977 si suponemos ida y regreso a la misma estación).  Aunque el resto de las afectaciones a la movilidad de las personas permanecerán.

En este sentido, no se trataba de un pequeño cierre para un evento de unas horas, sino de uno enorme, por varios días, que afectaría a miles de personas. Personas que perderían tiempo de su vida, gastarían más en transportación y que se vería reflejado en pérdidas económicas no sólo para ellos, sino para los negocios  afectados, y con ello la ciudad. Ante estos impactos negativos, no se ha considerado ninguna medida de compensación pensada o establecida para la población.

Lo importante para los gobernantes involucrados (Felipe Calderón, Peña Nieto, Marcelo Ebrard y los legisladores) era y es tener una ceremonia separada de la población, con un cerco policial y con vallas. Cercada de las protestas y disensos; sin importar los derechos de los habitantes de la ciudad o los costos que le ocasiona. Todo con tal de gobernar y decidir sin tomar en cuenta las necesidades de la población, es decir, de forma autoritaria. Sin duda una gran metáfora de nuestros gobernantes y el futuro que nos espera con ellos.

P.D. Las siguientes notas son altamente recomendables:

El EMP detiene si justificación a Jesús Robles Maloof por demandar su derecho a la libre circulación.
El cerco al congreso Congreso. La militarización del espacio común, de  JesúsRobles Maloof.
El Muro de la Calendaría de Salvador Camarena.

Y diputados del PRD con vecinos tiran vallas del Congreso.



07 octubre 2012

Supervía: el teatro de la farsa



En días pasados Marcelo Ebrard, jefe de gobierno del DF, inauguró intempestivamente un tramo de la supervía poniente, el mismo día en que el gobierno del DF era premiado por su programa Ecobici. Acto, que en si mismo, resulta altamente contradictorio o tremendamente perverso. Una vía de cuota, exclusiva para autos que no es sustentable y que ha sido construida sobre áreas verdes, espacios públicos y violando derechos humanos versus un sistema público de préstamo de bicicletas, que promueve el transporte sustentable, la integración social, que desalienta el uso del automóvil y altamente aceptado.

No suficiente, se creo toda una puesta en escena para una farsa alrededor de esta obra: un paseo ciclista y peatonal para “festejar” su apertura. Una farsa idéntica a la usada en la inauguración de un tramo del segundo piso. La cual ha sido coronada con una declaración del Marcelo Ebrard en Milán, Italia: “Hay que cambiar la mentalidad para dejar de ver al auto como un símbolo de estatus y entender que conducir un coche ya no es moderno, lo moderno es caminar y tomar transportes públicos.”

Sin duda lo que hoy presenciamos es un enorme teatro de la farsa del GDF, cuyo propósito único es disfrazar de ecológico, sustentable, legal y social  una obra que a todas luces no lo es. Una cuyo real propósito es pavimentar el camino para un mayor desarrollo inmobiliario de Santa Fe.