26 marzo 2007

Dueños de las calles


Voy a contar una experiencia que me sucedió recientemente con un personaje común en las calles de DF, un "viene-viene" o mejor conocido como franelero.
Cotidianamente suelo ir a un gimnasio que se encuentra sobre insurgentes enfrente del teatro Carpa Geodesica y la parte trasera del ex Convento del Carmen de San Ángel. Este gimnasio tiene su estacionamiento, el cual es caro. Mi conclusión es que es caro porque la inscripción y mensualidades no son tan caras, para alguien de clase media, pero el gimnasio obtiene ingresos importantes de otros servicios como: casilleros, entrenadores personales, comida y estacionamiento. Dado que no me puedo dar el lujo de pagar el estacionamiento diario, dejo mi auto sobre la calle que se localiza a un costado de la Carpa Geodesica.

Un día salía del gimnasio para ir al trabajo, cuando un franelero que llega como a las 8 de la mañana se me acerca y me dice:

-Oiga, usted va al gimnasio - a lo cual le respondi afirmativamente,

- Entonces, puede apurarse y salir máximo a las 8:15 para que le de chance de estacionarse a los del Museo del Carmen.

No podía creer lo que me decía esta persona, estaba impresionado por su valor y su orden. Mi respuesta más clara no pudo haber sido:

-¡La calle es pública y puedo hacer uso de ella!

El franelero contestó: -A mi me dijeron los del museo que les dijera a los que ocupaban la calle eso.

Internamente me reí de él, pues entendí que en realidad su modus vivendi era cuidar los coches de las personas que laboran en los alrededores y que las personas que van al gimnasio a las 6 de la mañana estaban afectando sus ingresos. Desafiante le respondí:

-Pues dígales a los del museo lo que le dije, que la vía es pública y que nadie es dueña de ella, es de todos y si no, pues, que vengan a hablar directamente conmigo.

Al viene-viene se le frunció el ceño, su cara se descomponía y tomo una actitud más agresiva en su habla y en su lenguaje corporal, y me respondió:

-A ver, si le pasa algo al coche a quién le van a echar la culpa, pues a mi. Entonces, la calle no es pública.

Más sorprendido por su razonamiento no podía estar. El franelero me decía que la calle le pertenecía por que el cuidaba los coches y que se hacia responsable de ellos. No entendía en que momento el cuidar un objeto ajeno en un lugar te da derecho a la propiedad de otro lugar. Es decir, si yo cuido los perros de mis vecinos en el parque de la colonia, por esa razón ya soy dueño del parque. Mi respuesta fue:

-Mire, pago mis impuestos, usted los paga y todos lo hacemos. Con ese dinero se construyo esta calle y se le da mantenimiento público. Ni yo ni nadie somos dueños de la calle, es de todos y podemos hacer uso de ella. Usted no me va a limitar en mi vida y actividades. Usted dígales eso a los del museo y gráveselo.

Al viene-viene no le quedo más que mirarme desafiante y alejarse, mientras yo subía a mi coche y tomaba rumbo a mi trabajo, mientras el franelero se acercaba a otra persona que salía del gimnasio. ¡Vaya cinismo!

Esta experiencia no es más que un botón de muestra de lo que sucede en las calles de esta ciudad. Los espacios públicos han sido tomados por personas que buscan la manera más fácil de sobrevivir sin el mínimo esfuerzo.

Esta situación no es más que un reflejo de la pésima situación económica México. Los desempleados buscan una manera de sobrevivir o vivir dignamente y han encontrado en actividades como el ambulantaje, el cuida coches, el lava vidrios, etcétera, una manera de obtener ingresos. Estas actividades han sido permitidas por el gobierno ante su incapacidad para generar crecimiento económico que genere empleos. El gobierno no se puede dar el lujo de tener a millones desempleados. ¿Que haría con tanta gente ociosa que podría generar brotes violentos en busca de la supervivencia?

Mientras el actual modelo económico siga vigente (el modelo neoliberal) la situación no va a cambiar mucho. Se requiere una estrategia de intervención activa en el mercado para hacer crecer la economía, pensar en nuestra nación y nuestros compatriotas y no esperar que llegue un inversionista extranjero y con sus inversiones nos salve de la pobreza. Si vienen es para ganar dinero y retirarlo del país, no para salvarnos. Me pregunto ¿Nuestros gobernantes son ingenuos o perversos?

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