18 junio 2007

¿Proyecto de nación?

En México se vive una carencia de rumbo, de ideas claras de cómo se desea que sea la nación en el futuro. Se vive día a día para sobrevivir y no para llevar a la nación a buen puerto. Igual es algo exagerado, pues en mi entorno, lo que noto es que se vive esperando a que el extranjero nos rescate con su inversión extranjera. (Que es peor que navegar sin rumbo) En fin, dejo la siguiente nota aparecida en El Universal para su reflexión.


Proyecto de nación
Sara Sefchovich
18 de junio de 2007

Cuando le preguntaron al escritor inglés Ian McEwan qué pensaba de que hoy son los lectores quienes hacen la crítica, respondió: "No me encanta la idea de que la opinión de todos valga lo mismo, la crítica requiere conocimiento, sabiduría y capacidad de juicio". Su respuesta va en el mismo sentido de lo que pensaba el historiador Luis González, para quien "la conciencia pueblerina es lo opuesto del saber universitario".

En cambio, para Daniel Cosío Villegas y Gabriel Zaid, "estar al servicio de la patria no es acercarse a los que están en la cúspide sino al público lector", y de hecho a este último le molesta que la "tribu del espíritu", se sienta "la única preparada para entender y dirigir el progreso de los demás".

Esto viene a cuento porque por mi artículo de la semana pasada, el lector Romeo Ramírez Jiménez me envió un correo electrónico en el que me reclamó mi injusta valoración del viaje del presidente Calderón a Europa (no fue a pasear, me dijo, sino a cumplir compromisos) así como la opinión que incluí de otro lector descalificando el Plan Nacional de Desarrollo.

Tiene razón don Romeo, muchas veces nos vamos por los caminos trillados y no analizamos las cosas a fondo. Decidí aceptar el reto y me puse a revisar el PND.

Y la verdad, me encontré con que no es un plan nacional sino apenas un programa de gobierno y que son los puros lugares comunes, las mismas promesas eternamente incumplidas, las vaguedades que nunca aterrizan en propuestas concretas.

Allí están los viejos conceptos como estado de derecho, crecimiento de la economía, fortaleza de la familia, democracia efectiva, junto con los nuevos términos que hacen concesión a los lenguajes y causas de moda. como desarrollo sustentable, igualdad de oportunidades, equidad de género, la pluralidad y lo incluyente. Una vez más nos juran, sin nada que explique cómo lo van a lograr, que se trata de "avanzar en la transformación de México sobre bases sólidas, realistas y responsables". ¿Cuántas veces nos han prometido lo mismo? ¿Cuántas veces nos han jurado que ahora sí se va a cumplir la ley, a trabajar con transparencia, a cuidar los recursos, a darle educación y salud a todos?

Con perdón del lector, pero no se trata más que de cumplir con el viejo rito instaurado por los priístas de montar un pegote de promesas.

La pregunta de fondo es: ¿por qué tanta incapacidad para elaborar un verdadero plan de trabajo y un conjunto realista y concreto de políticas públicas? Y la respuesta radica en que no hay un proyecto de país. Siguiendo la búsqueda en la que me he empeñado desde hace varias semanas, de encontrar los obstáculos que nos impiden dar el salto, este es sin duda uno de ellos y varios lectores me lo han hecho ver.

Pensemos para atrás: nuestros liberales del XIX se propusieron construir una nación: Juárez se empeñó en crear leyes y Altamirano en impulsar la educación, Molina Enríquez habló de distribuir la tierra para que hubiera una gran clase media de pequeños propietarios laboriosos, los positivistas creyeron que el progreso se lograría trayendo inversiones de fuera y manteniendo el orden adentro y los distintos grupos de revolucionarios tenían objetivos: que cambiaran las cosas o que no cambiaran, que se repartiera la tierra o que se repartiera el poder. Después de la gesta armada, Vasconcelos se planteó la misión de una cruzada educativa que llegara a todos los rincones del país y a todas las personas y los gobiernos priístas se propusieron crear instituciones, industrializar al país y modernizarlo. Hasta los tecnócratas de los años 80 creyeron que el neoliberalismo y la globalización eran la solución. Pero hoy, ¿en qué creemos? ¿Qué nos impulsa?

Nada. Nuestros gobernantes sólo quieren mantener el país a flote como se vaya pudiendo, sin un proyecto a largo plazo ni ninguna idea integral y a futuro, aunque se llenen la boca con esta palabra.

Hace años el antropólogo Guillermo Bonfil lo dijo con claridad: "El problema fundamental que enfrenta el México de hoy es la formulación de un nuevo proyecto nacional. La situación no admite más la búsqueda de soluciones parciales de emergencia y exige un replanteamiento global". Esto es lo que no se ha pensado.

Se hacen planes y se informa de resultados que simulan que avanzamos, pero que sólo son más de lo mismo, siendo que ya no podemos seguir funcionando como sobradamente se ha demostrado que no sirve. Como decía el mismo Bonfil, "Urge construir otro sendero y otra manera de recorrerlo". Mientras eso no suceda, seguiremos, como escribió Eduardo Andere, "deambulando como barco sin rumbo".

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM

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