31 agosto 2008

¿El despertar de la sociedad civil en México?

La tercera marcha contra la inseguridad del día de ayer sin duda ha sido un hito en la historia del país debido a que no sólo se realizó en la capital del país, también se realizó en diversas ciudades del país, desde Cancún hasta Tijuana. Igualmente, por el mensaje que manda a todos los niveles de gobierno del país: “Si no pueden renuncien. ¡Que renuncien!”.

La marcha por si misma no resuelve las cosas y sólo es una señal de presión hacia el gobierno, pero esta presión social hacia el gobierno si es de sólo un día no funciona, debe de ser continua y a todos los niveles para que funcione. Salir, vestirse de blanco y encender una velita en la noche, es muy loable, pero no suficiente. Se necesita que todo el tiempo y continuamente le exijamos al gobierno, en todos sus niveles y expresiones, que realice su trabajo y que lo haga bien; y que nosotros cumplamos las leyes y señalemos a quienes no lo hacen. Se necesita que despierte la sociedad civil.

Si mañana o pasado mañana, o en una semana o un mes, se nos olvida esto, y comenzamos a rebasar los límites de velocidad mientras manejamos, a evadir impuestos, a dar mordidas a los funcionarios públicos, a tirar basura en lugares públicos, etcétera, de nada habrá servido la marcha.

El país lo construimos todos y las acciones individuales encaminadas en un mismo sentido comunitario dan grandes resultados. Piénsenlo…

4 comentarios:

Neto Citadino dijo...

Si todos los que marcharon, como tu dices, dejan de ser lo que tanto odian, es decir, ser parte de la corrupción, México estaría en camino de un verdadero cambio, una verdadera Reovolución de ideales.

Como profesor, te puedo asegurar que la educación tiene la culpa de este desatre, pero, sin dudar, la eduación es la clave para acabar este desastre.

GaBBy dijo...

Cierto... resolver el problema de corrupción empieza desde nuestra casa!!!!

El Nahual dijo...

Amén.

Generique dijo...

¡Ah, difícil tarea la que hemos decido emprender!

Todos los días, en todo lo que hacemos parece una tarea imposible, pero la recompensa vale la pena intentarlo.

Y, después de todo, tan sólo se trata de hacer lo que de cualquier forma se supone deberíamos estar haciendo.