07 agosto 2009

De la inutilidad de la teoría neoclásica para analizar la competencia empresarial.

La teoría neoclásica centra su análisis en esquemas estáticos y estacionarios, evitando el problema de la evolución y el desenvolvimiento económico. Asimismo, dicha teoría supone funciones de producción constantes, minimizando, por ende, los cambios discontinuos o espontáneos que caracterizan a la producción capitalista, el papel de la innovación y la consecuente utilidad que ésta genera para las empresas. La innovación es una mutación económica interna que surge de las distintas combinaciones de materiales y de fuerzas empresariales. La competencia en este sentido se explica por la capacidad que tiene cada empresa para generar, de manera, continua, nuevos productos y servicios que le as4eguren al empresario una ganancia (Schumpeter, 1978). Es decir, la competencia capitalista no surge de esquemas rígidos en los cuales los métodos y formas de organización permanecen constantes, ésta se da en un contexto de “destrucción creadora” donde aparecen nuevos artículos, técnicas productivas, fuentes de abastecimiento y formas de organización (Schumpeter, 1999).

El modelo de equilibrio de mercado tiene por objeto explicar cuál es el papel de los precios , no la actividad competitiva. Así, la teoría neoclásica no puede explicar los procesos de competencia porque: elimina costos de transacción; no considera el papel de las instituciones y de la autoridad; as empresas son entes pasivos al aceptar los precios de mercado; se supone información perfecta sin costo y, por tanto, se evade la función que tiene el conocimiento especializado en la producción; el equilibrio es estable a pesar de las fricciones existentes en el mercado y no hay lugar para considerar relaciones consistentes de interdependencia a nivel de interempresa o procesos de jerarquía. Para romper con este modelo es necesario reconocer las fricciones del mercado, la consecuente rivalidad y el egoísmo empresarial. También es fundamental analizar cómo las empresas compiten por mejorar la calidad del producto, lograr acuerdos contractuales y por innovar (Demsetz, 1986)

Asimismo, la economía del equilibrio general supone un mercado integrado por individuos, productores y consumidores, los cuales poseen una racionalidad optimizadora y tienen información plena de todos los precios que existen en el mercado. Sin embargo, se observa que los sectores productivos no tienen la capacidad de almacenar y de conocer toda la información, su racionalidad es limitada (Simon, 1988). Ante los límites neurofisiológicos, los distintos actores que integran una empresa tienden a cooperar y coordinar habilidades y saberes. De esta manera, la organización se convierte en depósito de conocimientos productivos 8Winter, 1996). Al coordinarse y dividirse el trabajo, las empresas generan rutinas de aprendizaje que permiten innovar y/o imitar a otras organizaciones, así como explotar sus economías de escala de manera específica. La forma como cada empresa aprende e innova define su productividad, la cuota de apropiación de la renta y su capacidad para competir en el mercado (Dosi, 1991)

García, Alejandro & Arturo A. Lara, “Cúmulos, competencia y cooperación” en Juárez Núñez, Huberto, Et al., El auto global: desarrollo, competencia y cooperación en la industria del automóvil, BUAP, UAM-X, UIA y CONACYT, México, 2005 pp. 281-302

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