14 febrero 2010

México en Depresión.

Una de las ventajas de conocer la historia económica de México es que uno puede visualizar tendencias de mediano y largo plazo, que de no alterarse a conciencia, continuaran y se cumplirán. Al respecto, Enrique Semo Calve mencionó algo en La Jornada para el futuro México que me parece muy cierto:

“No veo cómo podemos evitar la prolongación de una crisis económica que el país ha padecido ya por varios años. No estamos en una recesión, lo que aquí pasa es ya una depresión”.

“La decadencia, que es deterioro en todo. Si no hay una ruptura progresista, lo que podemos esperar es una decadencia, bajas o nulas tasas de crecimiento, desgaste de la democracia, desempleo crónico de la juventud, crecimiento en el número de ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), pérdida de dos o tres generaciones, descomposición social”

Me parece que tiene razón. El modelo de crecimiento y desarrollo económico existente en México ha demostrado que no ha podido resolver los problemas del país, ni la desigualdad, y no se le ve fin al mismo. No hay movimientos políticos lo suficiente fuertes para hacer frente al poder establecido que puedan abanderar propuestas diferentes de desarrollo económico.

Se requiere un giro social consiente, para evitar esa tendencia obscura de la que habla Enrique Semo. Desde mi punto de vista se requiere de una sociedad civil activa políticamente y que haga contrapeso al poder. La coordinación de la misma por un objetivo positivo se ve difícil, pero no imposible.

Tal vez iniciativas como 500 ciudadanos sobre 500 diputados puedan ser el inicio del cambio, en el cual la sociedad civil comience a exigir cuentas. Aunque insisto, el cambio empieza por seguir en gran medida los consejos de Denise Dresser.

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