13 abril 2010

Crónicas del alcoholímetro (8) DF: alcoholímetro, diversión, movilidad y accesibilidad.

El alcoholímetro del DF es una medida que pretende evitar que las personas manejen alcoholizados, pues la probabilidad de que se accidente y hagan daño a un tercero es o a sí mismos es muy grande. Esta medida es positiva en el sentido de que trata de evitar accidentes que pueden afectar negativamente a la sociedad. Por desgracia, la mayor parte de los accidentes mortales en automóviles en México están relacionados con el consumo de alcohol.

Ahora bien, habría que preguntarse si esta es la mejor política y si en realidad resuelve el problema desde los accidentes. Desde mi perspectiva lo hace, pero de una manera muy pobre.

El alcoholismo como tal es una enfermedad y en México no existen políticas de salud a gran escala que traten de reducirlo en sus primeras causas. El castigar a un conductor ebrio de 20 a 36 horas de arresto administrativo no soluciona el problema, puesto que la adicción esta más allá de las decisiones racionales de las personas; además de que existen otros factores que lleva a las personas a manejar en estados inconvenientes o irresponsablemente ebrios.

Esto se debe a que una parte mayor del problema es uno movilidad y accesibilidad en el DF. Los habitantes de esta ciudad, como el resto de la humanidad, demandan tiempo o actividades de ocio y diversión. Para ello se desplazan a los lugares donde encuentren los elementos necesarios para tal fin. En el caso de esta ciudad pueden ser restaurantes, bares, cantinas, discos, entre otros. En este sentido, el problema radica en que en el DF estos se encuentran concentrados en pocos sitios, lo que obliga a las personas a desplazarse hasta ellos para divertirse, alunas veces recorriendo grandes distancias. Dado que el sistema de transporte público en el DF es ineficiente y no funciona de noche, sólo quedan dos opciones reales para los que viven lejos de estos lugares: taxi o automóvil particular.

Los taxis no resultan una opción viable en muchos caso, dado las altas tarifas de estos en la noche si se contrata el servicio de un taxi seguros. En el caso de utilizar un taxi cualquiera, más barato, siempre se corre el alto riesgo de ser asaltado.

Ante ello, las personas que tienen acceso a un vehículo particular y no pueden darse el lujo de pagar un taxi, obviamente utilizan el automóvil, ya que el precio del taxi fácilmente equivale a los costos de uso sin la inseguridad: gasolina, valet parking y hasta más.

Así, parte del problema deriva en uno de movilidad y accesibilidad. Si hubiese transporte público nocturno, eficiente, seguro y barato, que cubriera toda la ciudad, la reducción de accidentes seria mucho mayor que el uso del alcoholímetro por sí mismo. Por ejemplo, Madrid, España, es una ciudad famosa por su vida nocturna, la cual le genera grandes ingresos por estas actividades, y que cuenta con un sistema de transporte nocturno altamente eficiente. Al igual que las personas pueden caminar en la noche con pocas probabilidades de ser asaltados a diferencia del DF.

Si existiera un transporte público nocturno eficiente en el DF, esto aumentaría el acceso a muchos sectores de la población al ocio y esparcimiento nocturno. Una ciudad con alta accesibilidad a diferentes opciones de diversión y en diferentes horarios es una ciudad con alta calidad de vida. Una ciudad con diversión y horarios restringidos ofrece sin duda una pobre calidad de vida.

El alcoholímetro como tal no es mala medida, pues localiza a los conductores que podrían causar accidentes, pero no soluciona los problemas de fondo. Mientras no existan políticas de movilidad y accesibilidad nocturnas para la diversión, el problema persistirá, pues las personas demandan diversión nocturna y transporte adecuado, el cual si no es provisto por el gobierno, ellos se lo auto proveerán.

Las autoridades deben de comprender que están para brindar los servicios que la población demanda y que los habitantes del DF necesitan divertirse y no dormirse a las 2 a.m. Si las autoridades quieren en realidad preocuparse por el bien común de la sociedad, el alcoholímetro vendría acompañado de otras medidas, como transporte público nocturno, mayor seguridad en las noches, políticas de creación de centros de diversión nocturna en toda la ciudad, sin restricciones de horario, políticas de salud pública que ataquen el alcoholismo, control de ruido nocturno, entre otras. Pareciese que el gobierno del DF en esta materia sólo está viendo una parte de toda la situación.

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