01 noviembre 2010

¿Cómo salvar a México.

México va mal y su futuro, los jóvenes, está siendo desaprovechado. En eso coinciden los 22 hombres y mujeres de la sociedad civil a quienes EL UNIVERSAL preguntó ¿cómo rescatar al país? Desde el rector de la UNAM hasta el director de Microsoft México, la respuesta fue similar: educación, ciencia y tecnología.
Ese es el camino probado. Alemania, Corea del Sur y Japón hallaron de ese modo la prosperidad tras la devastación de la guerra. Pese a contar con escasos recursos naturales, desarrollaron industrias pioneras en sus diferentes ramos y hoy gozan de un nivel de vida muy superior al mexicano. China, India y Brasil se han situado como potencias emergentes porque usaron sus recursos naturales y su mano de obra barata no para vivir por siempre de la venta de materia prima o de la maquila, sino para invertir en técnicos y científicos que hoy les han permitido desarrollar su propia e incipiente economía del conocimiento.

Hace 50 años, México se encontraba en mejor posición que todos esos países. Entre 1940 y 1970 creció económicamente gracias a la demanda de sus productos básicos en Estados Unidos, que siempre estaba en guerra, y después gracias a la bonanza petrolera. Pero lo echamos a perder. El endeudamiento, el engrosamiento de la burocracia y el gasto superfluo suplieron a la inversión en educación, ciencia y tecnología. Fueron las décadas perdidas de Echeverría y López Portillo, después las crisis de los años 80 y 90. Luego los crecimientos pírricos del PIB del 2000 a la fecha.

México llega al 2010 en el pico de su “bono demográfico”. Respecto del resto de la población, nunca tendrá más jóvenes que ahora. Paradójicamente, también es el peor momento para ser joven. La mitad de los 34 millones entre 12 y 29 años vive en pobreza o desempleo, con el agravante de que tienen la salida fácil de la delincuencia. Siete millones no estudian ni trabajan.

La solución no es sólo mayor cobertura educativa. Contrario a lo que sucedía con sus padres, los profesionistas que hoy tienen entre 20 y 30 años ya no tienen nada garantizado con un título universitario. La minoría de los egresados de la educación superior no alcanza un salario suficiente para mantenerse a sí mismo y a una familia propia.

¿Y cómo lograr una economía del conocimiento? Los personajes consultados por EL UNIVERSAL recomiendan incrementar la inversión estatal en ciencia, romper con el corporativismo educativo, realizar pactos de asociación entre sector privado y académico y revalorizar las carreras técnicas.

Así como se han organizado rimbombantes acuerdos nacionales por la seguridad, urge elaborar, desde ya, un plan para detonar la investigación y el desarrollo. Las cosas no están como para esperarse hasta 2012.

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