26 noviembre 2010

¿Quién le tiene miedo a la cúpula de SNTE?


De El Universal: Ciudad Visible. Por Andrés Lajous

El domingo pasado se presentó un documento de la Coalición Ciudadana por la Educación (www.porlaeducacion.mx), acompañado por firmas de académicos, periodistas, activistas y organizaciones de la sociedad civil, en el que exigimos al Presidente de la República y a la SEP acabar con la relación atípica que existe entre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y las autoridades educativas.
El mismo documento hace un llamado a la movilización de ciudadanos interesados y preocupados por el tema. Quienes elaboraron el informe, “¿Qué pasa con la calidad de la educación en México?” que acompaña el llamado a la movilización, ofrecen datos, referencias y argumentos, sobre el uso ineficaz y abuso de recursos públicos, que hasta el momento no han sido refutados ni por la cúpula del SNTE ni por la SEP.
Lo más importante del diagnóstico presentado por la Coalición, es que no atribuye la baja calidad de la educación en México a un desastre educativa abstracto, sino que hace directamente responsables a las autoridades que han solapado la exclusión de los maestros y del resto de los ciudadanos del sistema educativo, para dejarlo en manos de una cúpula sindical.
En los últimos años quienes han promovido desde la sociedad civil reformas al sistema educativo, lo han hecho esperando que los padres de familia sean más exigentes y que desde la escuela ejerzan presión con la información disponible en las múltiples evaluaciones que existen. Sin embargo, el problema de la relación entre el SNTE y la SEP no sólo es un problema de información, es un problema mucho más profundo de control y poder político. El SNTE cuenta con una estructura política que le permite influir (o pretender que influye) en elecciones federales y locales; tiene una alianza con el Gobierno Federal que se ha traducido no sólo en el cogobierno de la SEP, sino en una abusiva distribución de cargos públicos (ojalá algún día Felipe Calderón, el PAN o Elba Esther Gordillo expliquen por qué la Lotería Nacional es un cargo político); y maneja grandes cantidades de dinero entre cuotas sindicales y prebendas que se le otorgan sin mayor transparencia.
El futuro no parece promisorio en manos de quienes hoy gobiernan. Hay pocos políticos partidistas que hoy, no le tengan miedo a la cúpula del SNTE. Hace unos días, Enrique Peña Nieto, en un acto público con la presidenta vitalicia del sindicato -en el que sonreía efusivamente- dijo que no se le podía echar la culpa al SNTE de la baja calidad de la educación, al mismo tiempo que anunciaba su apoyo a Humberto Moreira, aliado de Gordillo, como nuevo dirigente del PRI (EL UNIVERSAL 20/11/10). En estos días, Marcelo Ebrard, quien elaboró los estatutos del SNTE cuando accedió al poder Gordillo -a principios de los 90- insiste en que al GDF se le otorgue el control de la educación pública de la ciudad, obligando una negociación laboral cada año entre el GDF y el SNTE.
Es sabido que la estrategia proactiva de la cúpula sindical ha sido la colonización de los espacios de toma de decisión en materia educativa a nivel federal y estatal. Hay varios indicios de que en el DF esto empieza a suceder. Mario Delgado, Secretario de Educación local y aspirante a al jefatura de gobierno anunció una evaluación del sistema educativo local, sobre el cual dijo que no incluirá preguntas sobre el papel del SNTE, pues “no van con una idea predeterminada” (Reforma, 25/11/10). Esto, a unos meses de haber nombrado a Xiuh Tenorio, fundador y ex-diputado del partido político del SNTE, Coordinador General de Educación en la ciudad.
Con la movilización de cientos de miles de ciudadanos independientes, se espera que el Gobierno Federal rectifique y asuma plenamente sus responsabilidades. Sin embargo, si no es este gobierno el que rectifica, la relación política con la cúpula del SNTE debería convertirse en un tema de campaña transversal en las próximas elecciones. Aquél candidato o candidata que se niegue a replantear seriamente esta relación atípica no merece un sólo voto. El miedo al poder político de la cúpula del SNTE, cuando la educación de millones de personas está en juego, es mala excusa.
¿Tú le tienes miedo a Elba Esther? Yo tampoco.
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