15 julio 2012

Limitar al auto, sí, pero con buen transporte público

En más de una ocasión cuándo le menciono a familia, amigos, otros colegas de profesión y personas que conozco en diversos momentos que hay que reducir el uso del automóvil por los daños que causa a la sociedad, generalmente me responden que lo harían si hubiera un buen transporte público. Esto mismo lo he visto repetido en diversos foros en los que se ha hablado al respecto, siendo una de las cuestiones centrales que el público suele reclamar a los ponentes. No podría estar más de acuerdo con ellos.
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En el transporte público urbano en México prevalece un servicio de mala calidad y poco eficiente. La estructura existente no es un sistema integrado de transporte, pues el modelo usado en los microbuses (hombre-camión) genera que haya rutas de forma desordenada, que duplican las rutas de otros medios de transporte. Esto lleva a baja ocupación y baja rentabilidad para los transportistas por la sobreoferta de vehículos y mala calidad del servicio. Esta situación agudiza la congestión vial en los centros urbanos.

Por otro lado, la situación en cuanto al uso de la bicicleta y para caminar es, en el primer caso, que no existen redes planeadas de infraestructura ciclista en las ciudades y mucho menos se les integra con medios de transporte públicos para facilitar la multimodalidad, la cual implica el uso de diversas formas de transporte para hacer un viaje. La accesibilidad peatonal suele ser lo último considerado en la planificación de la movilidad urbana. Es evidente la existencia de un desequilibrio en el diseño y uso del espacio público en detrimento de peatones y ciclistas. Del mismo modo, el incumplimiento de las leyes sobre el espacio público, permite la ocupación de banquetas y la obstrucción de esquinas por los automovilistas.

Esta situación en cuanto al transporte público, la bici y el peatón, sin lugar a dudas es un poderoso incentivo para el uso del automóvil. Me atrevo a decir que tanto como el subsidio a la gasolina.

Por lo tanto, solo implementar medidas para reducir el uso del automóvil, como con los parquímetros, dónde no hay otras opciones de calidad, no reduciría efectivamente el uso del automóvil y en cambio generaría daño social, al imponerle mayores costos a la sociedad en su conjunto.

En cambio, en lugares dónde hay opciones de transporte de calidad, las medidas para desincentivar el uso del automóvil funcionan bien, pues incentivan el cambio modal a transporte público, a bicicleta o a caminar. La referencia acostumbrada, a nivel internacional, es Londres. Esta ciudad desde 2003 implementó un cobró a quienes  circulan por el centro de la ciudad entre las 7 am y  6 pm, conocido como “cargo por congestión”. Tiene un costo de 9 a 12 libras esterlinas diarias (aproximádamente de 170 a 227 pesos) y la medida logró que 20 mil automóviles dejaran de circular por el centro de Londres, estabilizando el flujo de vehículos.

Número diario de vehículos que entran a la zona de cargo por congestión en Londres, 2002-2007. La medida de la izquierda representa miles
 Elaborada con datos de Transport for London.

El cargo por congestión aplicado en Londres sin duda fue exitoso gracias a que la zona del centro tiene un buen sistema de transporte público -autobuses y metro- y es altamente caminable y accesible en bicicleta. Además, para evitar que el transporte público fuera rebasado por la demanda, los  ingresos netos recabados durante los primeros tres años fueron usados para financiar mejoras en él (189 millones de libras, aproximadamente 3.5 mil millones de pesos).

Ahora bien, en el caso de la Ciudad de México también hay lugares donde se puede implementar medidas para reducir el uso del automóvil, pues cuentan con opciones de transporte público aceptables. Por ejemplo, el éxito en Polanco de los parquímetros también radica en la existencia de opciones de transporte público, como el metro (Auditorio y Polanco), el trolebús (línea 1) y diversas rutas de transportes de baja calidad (microbuses), que a pesar de todo contribuyen. También es un barrio altamente caminable y en donde se puede transitar en bicicleta. El refuerzo de esta medida para desincentivar el uso del automóvil, vendrá con la reinversión de los ingresos de parquímetros en espacio público, la cual será del 30% de lo recaudado por los nuevos parquímetros, y con la llegada del sistema de bicicletas públicas, EcoBici, a la zona.

Esto no quiere decir que primero se tenga que mejorar el transporte público y después implementar estrategias para reducir el uso del automóvil. Se pueden hacer perfectamente ambas al mismo tiempo, lo  que sin duda requiere buena planeación. Por ejemplo, si al retirar paulatinamente el subsidio que actualmente se hace a la gasolina (166 mil millones en 2011) y al mismo tiempo se reinvierte en mejorar el transporte público, la solución es redonda: se desincentiva el uso del automóvil al mismo tiempo que se construyen alternativas que benefician a todos los habitantes de la ciudad.

En conclusión, dadas las condiciones prevalecientes del transporte público y para el uso de la bicicleta y caminar en México, desincentivar el uso del automóvil requiere obligatoriamente medidas que mejoren las condiciones de las alternativas de movilidad. Hacerlo de otro modo, sin duda es un disparate.

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