18 septiembre 2014

El Zócalo como estacionamiento V.I.P.

Foto vía: SinEmbargo.

Durante el segundo informe de la presidencia hemos sido testigos de un espectáculo fuera de Palacio Nacional, uno inaudito, que debería de indignar a cualquier habitante del país. La transformación del Zócalo, la plaza de la Constitución, la más emblemática y simbólica del país, el espacio público por excelencia, en un estacionamiento dedicado sólo a los invitados de la Presidencia de la república.

Puede ser entendible un dispositivo de seguridad alrededor de Palacio Nacional, el cerrar el Centro Histórico con vallas, pero convertir el Zócalo en un estacionamiento es un exceso en cualquier sentido. Con esto, la presidencia envía tres mensajes a la población, que habrá que tener presentes.

Primero: Nosotros, la Presidencia de la república, tenemos privilegios sobre el espacio público, de hecho podemos hacer uso privado de él, podemos estacionar nuestros autos y llegar con nuestros guardaespaldas a donde sea, también los de nuestros invitados, podemos alejar a la población del espacio público para nuestro goce, sin ninguna justificación clara. En otras palabras, hacer uso privado del mismo, a privatizarlo. El simbolismo es fuerte. Importan más los eventos, ceremonias, autos, los pistoleros de la clase política, que la vida cotidiana de las personas que viven, trabajan o visitan el Centro Histórico.

Segundo: el Zócalo no es para protestas, cancelamos su función de espacio público para los encuentros y desencuentros sociales. Funciona bien como zona de espectáculo o para que nuestros choferes y guaruras platiquen mientras cuidan los autos de los políticos, pero no para disentir del gobierno en turno, eso nunca. Se hará uso de los recursos que sean necesarios, incluyendo el uso de la fuerza pública para garantizarlo.

No es nuevo esto y que mejor demostración que el desalojo del plantón de los maestros en el Zócalo que se oponían a la reforma educativa del presidente. Un juego al que se ha sumado Mancera, con las N mil exposiciones y eventos que se han dado continuamente en el Zócalo, con el fin claro de desactivar las protestas en la Plaza de la Constitución: sirve para espectáculos públicos, para que aplaudan al gobierno, para su goce, no para protestar.

Tercero: la población, menos los que participan en las manifestaciones, tiene el derecho de acercarse al presidente en cualquier evento. El asunto es gobernar, pero de lejitos, en un espacio controlado, donde todos vayan juntos y donde se hagan pactos sin consentimiento de la población. No sea que no celebren, que recriminen la política pública, las reformas.

Sin duda es una reacción a la manifestación espontánea que EPN padeció en su campaña a la presidencia en la Universidad Iberoamericana, una que quebró su impoluta imagen.

En suma: El espacio público no es tan público. Los derechos ciudadanos no lo son tanto. Gobernaremos alejados de ustedes. No disientan, porque estamos moviendo a México, a sus habitantes de sus espacios, de sus derechos democráticos.

Post publicado originalmente en el blog La Brujula de Nexos

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