24 septiembre 2015

DF: el control del espacio público y la domesticación de la guerrilla urbana

Desde que Miguel Ángel Mancera asumió la jefatura del Gobierno del Distrito Federal (GDF) comenzó un conflicto directo por el uso de ciertos espacios públicos en la ciudad. Una estrategia de esta administración –no adoptada por los otros gobiernos de izquierda de la capital– ha sido la del uso de la fuerza pública de manera abierta y recurrente para confrontar manifestaciones locales o no locales (como en el conflicto magisterial de 2013 o en las manifestaciones de Ayotzinapa). Los resultados de estas disputas han sido detenciones arbitrarias y agresiones a la prensa y a defensores de derechos humanos,[i] situaciones que han suspendido derechos democráticos como la libertad de protesta y de prensa. Al mismo tiempo, y paradójicamente, el mismo GDF ha emprendido un discurso conciliador respecto al uso del espacio público. Ejemplo de ello es el uso del lema “Decidiendo Juntos” y las políticas sociales dirigidas a reducir desigualdades a nivel urbano, con sus lemas “Primero el Peatón, “Calles para Todos” y “Parques de bolsillo”, así como iniciativas de promoción a la participación ciudadana, como el presupuesto participativo o el #CDMXTeRequiere.

A primera vista parecerían acciones contradictorias; sin embargo, se trata de dos caras de la misma moneda; es decir: ambas son políticas destinadas a controlar el espacio público del Distrito Federal, o, por lo menos, el espacio político (o el uso político del espacio), cosa que es usualmente más relevante para el GDF.

El espacio público, espacio de conflicto
El espacio público de las ciudades es el lugar donde las personas se interrelacionan y donde confluye una gran cantidad de intereses (públicos y privados). Por ello, es natural que en él se den conflictos: no todos los actores tienen los mismos intereses, y no siempre las relaciones de convivencia se dan en los mejores términos. En el espacio público, el papel del gobierno es establecer las reglas mínimas, así como vigilar su cumplimiento, so pena de castigo, para que los conflictos no escalen a niveles de violencia abierta.

En teoría, la acción gubernamental, en una democracia, no debería causar mayor malestar social puesto que lograría representar a la mayoría y haría entender al resto la naturaleza del juego en el que participa. No obstante, la realidad es diferente, y más en un entorno tan complejo como el del Distrito Federal. Por un lado, en el mismo DF es donde se asientan los poderes de la federación, lo cual propicia que decisiones de otros niveles de gobierno, que generan malestar social en su área geográfica, deriven en protestas que se expresan en el espacio público del DF, independientemente de las responsabilidades del gobierno local o del sentir de sus habitantes. Las cientos de manifestaciones anuales provenientes de otros estados de la república, dirigidas a instituciones federales, así lo atestiguan.

Por otra parte, la ciudad es tan grande y compleja que es prácticamente imposible, bajo el sistema institucional actual (carente de participación democrática, transparencia y estrategias de comunicación social), que el gobierno medie y resuelva todos los conflictos propiciados por intereses locales o estatales. Esto termina llevando, de una u otra forma, a un déficit democrático, que se traduce en acciones arbitrarias y conflictivas del gobierno del DF en el espacio público.

Si a esto agregamos los altos niveles de corrupción en la gestión del espacio público, que frecuentemente permiten la apropiación del mismo por ciertos grupos económicos en detrimento del resto de la población, este sistema puede generar mayor malestar social y volver muchas situaciones incontrolables.

Por lo anterior, el espacio público del DF es altamente conflictivo, no solo por su naturaleza, también por las características institucionales y sus políticas locales.

El urbanismo táctico y el estratégico en el espacio público
El déficit democrático y la gran cantidad de conflictos urbanos no son exclusivos del Distrito Federal: es una situación que se espera en prácticamente cualquier ciudad del mundo, ante la falta de una verdadera democracia urbana.[ii] Ante este escenario de conflicto, no extraña que se tomen conceptos propios de los conflictos armados para explicar las acciones desarrolladas en el espacio público, de apropiación y resolución de los conflictos con intervenciones urbanísticas (infraestructura, arquitectura, etcétera). Dichas intervenciones pueden ser parte de estrategias o de tácticas urbanas con objetivos variables.

La “estrategia urbana” puede definirse como un ejercicio del poder en un lugar específico, especialmente pensado como poder público y como un plan determinado. Es decir, una acción de poder enfocada a conseguir el control del espacio público, y así establecer una nueva forma de uso.
Por su parte, la “táctica urbana” es una acción que se puede definir como una acción inmediata en el terreno del otro; una que actúa de forma oportunista y confrontadora para generar cambios. Generalmente son realizadas desde fuera del “poder establecido”, con el fin de apropiarse del espacio público. Así se ha entendido recientemente el “urbanismo de guerrilla”.

El “urbanismo de guerrilla”, cada vez más popular entre movimientos confrontados con el poder del gobierno, ejerce tácticas insurgentes y más agresivas, intervenciones por sorpresa, como en emboscada, que responden a una confrontación asimétrica, que rompen y desafían las reglas gubernamentales en el espacio público, con el fin último de convertirlo en un espacio de lucha política y reivindicar ciertas demandas ciudadanas no atendidas.

Del urbanismo táctico de base al urbanismo táctico gubernamental
El espacio público[iii] del Distrito Federal ha sido, de la Revolución al presente, un lugar donde se realizan intervenciones con motivos distintos, religiosos, políticos o hasta con fines de lucro privado. Pero la acción más común de todas siguen siendo las marchas y los plantones (aún antes de que los movimientos #Occupy apareciesen y se popularizaran a nivel global).

Sin embargo, las acciones de urbanismo táctico, con su reivindicación política explícita, son un fenómeno reciente, incluso a nivel global. Los primeros ejemplos publicitados en el DF fueron las “masas críticas” de ciclistas que ocupaban las calles (espacio público) para demandar áreas para el uso cotidiano de la bicicleta, ante la apatía de los políticos del GDF para protegerlos. Otra acción reciente fue la #wikibanqueta, una intervención para delimitar con pintura una “banqueta” que no existía en el Puente de los Poetas[iv], y que fue no solo una reivindicación del peatón sino también una crítica a la construcción de una autopista urbana (la Supervía Poniente) sobre áreas naturales y barrios de bajos ingresos –una acción que actuaba en el terreno del adversario (Santa Fe) y no necesariamente en los barrios afectados.

A la izquierda, #Wikibanqueta en el Puente de los Poetas; a la derecha, #Wikicebra en la Zona Rosa. Fotos del autor.

Estas tácticas de “guerrilla urbana” obligaron al poder público a priorizar un poco más las políticas a favor de los ciclistas y también a generar un espacio peatonal en una autopista urbana (aunque no a detener su construcción, como hubieran deseado algunos de los activistas).
No obstante lo anterior, debe quedar claro que el urbanismo táctico no es exclusivo de los movimientos sociales. Los gobiernos necesitan de legitimidad social para existir. Recurrir al urbanismo de guerrilla es una forma de lograr visibilidad frente a la sociedad. La siguiente cita de Michel de Certau esclarece la lógica con la que instituciones dominantes, como el GDF, utilizan estrategias guerrilleras:

Cuanto más débiles son las fuerzas a disposición del poder, más propicio será este a utilizar el engaño. Cuanto más débiles sean a las fuerzas estratégicas, más se transformará la estrategia en táctica. Por ello se dan situaciones híbridas en las que el poder absorbe y se aprovechan de las propuestas tácticas, adoptando el papel de actor principal e integrando las reivindicaciones colectivas en actividades que tienen su origen y financian en la propia administración.[v]

Mozas lo define muy bien: “el poder emplea estrategias de control sobre el espacio público, de la misma manera que los movimientos de base desarrollan tácticas para desgastar el poder y apropiarse a su vez del espacio.”[vi]

En este sentido, el GDF –ante su cuestionada legitimidad por la realización de ciertas obras públicas, por la apropiación del espacio público por grupos privados, por su déficit democrático, por su debilidad para establecer estrategias en el espacio público y por el uso desmedido de la fuerza pública– también ha recurrido al urbanismo táctico. Esto como una forma de engaño para reducir el conflicto alrededor del espacio público y ganar legitimidad social que le permita desplegar otro tipo de políticas poco populares o abiertamente antidemocráticas.

Ejemplo de ello son iniciativas desde la burocracia del GDF como el programa Tu Ciudad Te Re-Quiere (#CDMXTeRequiere), en la que los funcionarios públicos de distintas dependencias y sus titulares salen a la calle a remozar el espacio público; de paso invitan a los vecinos a cooperar, como forma de participación ciudadana.[vii] A nivel más local también se han lanzado campañas como el “Rey Peatón” (pasos peatonales decorados con peatones simbolizando ser reyes[viii]). Ambos son actos parecidos a tácticas como las de la #Wikibanqueta o #Wikicebra[ix] en el DF y otras tantas ciudades del mundo.

















El delegado de la delegación Miguel Hidalgo (2012-2015) Víctor Romo pintando un #ReyPeatón en un paso de cebras. Foto vía: Delegación Miguel Hidalgo.

Otros ejemplos son la organización de caminatas para apoyar eventos políticos (como #CaminaMasaryk para la inauguración de una obra cuestionable)[x] e incluso de conferencias de urbanismo táctico, en las cuales se invitan a los diferentes detractores que han llevado a cabo intervenciones contra el gobierno, como una forma de debilitar su discurso y/o apropiarse del mismo.[xi] Se puede decir lo mismo de actividades como el grafiti: el gobierno ha contratado a “artistas callejeros” para dar un aura de juventud y rebeldía a instalaciones gubernamentales. El ejemplo por excelencia sería el street art que adorna el Instituto de la Juventud del Distrito Federal.





















Grafiti sobre en Instituto de la Juventud del DF realizado por Curiot. Foto vía: La Miscelánea.

Del discurso del espacio público a la acción real del GDF
El objetivo principal del GDF, al emplear estrategias propias de la “guerrilla urbana”, ha sido el de legitimarse con un discurso que se dice en favor del peatón, del ciclista y de la participación ciudadana. Lo cual, acompañado de algunas políticas parciales, como la expansión de ecobici o del metrobús, le ha permitido dotarse de un aura de sustentabilidad, de inclusión, de algo que gusta llamarse “progresista”, aunque la ciudad esté lejos de tener estas prácticas como su prioridad.














Miguel Ángel Mancera pintando una cebra peatonal en el marco del día del peatón de 2013 y como parte de las jornadas de #CDMXTeReQuiere. Foto: Chilango.

El que Miguel Ángel Mancera pinte una cebra peatonal para disfrazarse de ciudadano y resaltar que se preocupa por el bienestar de los peatones es absurdo. Uno podría considerar: “Mira, un gobernante (Mancera) pintando un paso peatonal, para mejorar la ciudad. Al fin hace su trabajo.” Pero esta escena enmascara las faltas del gobierno cuando se trata de dar mantenimiento a la señalización vial para el peatón. Eso es perverso. Si todos los pasos peatonales estuvieran bien, ¿por qué habría de realizar esta acción y hacerla mediática? Y con un mínimo de recato y seriedad, ante la dimensión de esta falta tan básica, el gobierno simplemente estaría trabajando en solucionar el problema sin propaganda tan prominente. Que el jefe de bobierno, o cualquier otro funcionario público, pinte un paso peatonal para anunciar acciones de gobierno debe verse como tal: es un teatro mediático en el que se “anuncia”mejorar la situación para que todo quede igual o incluso empeore.

Es así que una acción de guerrilla urbana para denunciar la falta del gobierno, como la #Wikicebra, es apropiada por el gobierno para emprender acciones que van en sentido contrario, como lo demuestran los proyectos de construcción de al menos tres autopistas urbanas más que privilegian al auto sobre la bicicleta o el peatón (la Supervía Sur, el viaducto elevado a Santa Fe y un segundo piso en Insurgentes Norte). Otra muestra es la conversión del Circuito Interior en una vía rápida (mediante puentes y un paso a desnivel en Mixcoac). Todas estas obras reciben menos atención mediática, y cuando el GDF requiere defenderlas, se ha visto abiertamente en la necesidad de mentir, mencionando que son sustentables, que son incluyentes, que son amables con el peatón, que se ha consultado a la población. Claramente no es así.

De la protesta social al #OccupyZocalo
Si bien las marchas y los plantones no son novedad en el Distrito Federal, los acontecimientos a partir de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto (el 1 de diciembre de 2012) y de la reforma educativa (2013) cambiaron la dinámica en la ciudad –la cual volvería a cambiar, tiempo después, con los trágicos hechos de Ayotzinapa.

Por una parte, la ciudad vivía diversas protestas en contra de Peña Nieto, encabezadas principalmente por estudiantes aglutinados en el movimiento #YoSoy132. Por otra parte, el CNTE, debido a su oposición a la reforma educativa, realizó una serie de marchas y bloqueos de la vía pública. En un lenguaje más de guerrilla urbana podríamos catalogarlos como “masas críticas peatonales” o “happenings”. Además, los maestros también se vieron involucrados en un plantón en el Zócalo que duró cinco meses. En términos popularizados por las redes sociales en cuanto a guerrilla urbana, bien pudo habérsele llamado al plantón #OcuppyZocalo.[xii] Este plantón, sin embargo, generó numerosos reproches entre los automovilistas y una confrontación directa con el gobierno federal y el del DF.   

Ante estos conflictos, la estrategia del GDF fue: aplicación de la ley y afirmación de su poder punitivo. Incrementó 54% el número de policías para controlar las movilizaciones sociales[xiii] y utilizó esta fuerza pública para impedir que las protestas llegaran al Zócalo y así pudieran retomarlo. Dicha estrategia se acompañó con abusos de poder (arrestos, detenciones injustificadas y uso excesivo de la fuerza pública) que redujo la popularidad y legitimidad del PRD entre algunos grupos de base (cosa que parcialmente explica la reciente derrota electoral de este partido en la ciudad, así como parte del declive de la popularidad de Mancera y la recomposición de su gabinete).

En el Zócalo Mancera recurrió a una táctica similar de ocupación del espacio público con la activa organización de eventos y actividades “festivas”, incluyendo una exhibición militar (“Fuerzas Armadas: Pasión por Servir a México”), un despliegue de poder sin duda alguna. Esto con el fin de evitar el retorno de cualquier manifestación. Hoy tenemos en ese espacio un plantón gubernamental cuasi permanente, una suerte de #OccupyZocalo que se acompaña ahora con un aviso de que será “remodelado”[xiv]. El objetivo probable: que la fuerza de la obra pública evite el retorno de manifestantes por un periodo indeterminado.

Es importante subraya que, tiempo después, la tragedia de Iguala desató una enorme masa de protestas en todo el país y en especial en el Distrito Federal. El tamaño de la indignación social fue tal que el GDF no intervino con grandes despliegues de fuerza pública en las marchas, como lo había hecho con anterioridad, lo que parecía un alto a la criminalización de la protesta. No obstante, no por ello dejó de haber detenciones arbitrarias,[xv] como tampoco ha dejado de haber eventos en la plancha del Zócalo para evitar su ocupación: la pista de hielo, la filmación de la película de James Bond, la “Feria de las Culturas Amigas”, la Aldea Digital de Telmex o el próximo concierto masivo de la Semana de las Juventudes, por ejemplo. Esto significa un cambio en la escala y el tipo de  estrategia: disminuye el uso de la fuerza pública, pero no se renuncia a su uso. La táctica de ocupación estatal del espacio público, por su lado, se fortalece, esto con el fin de limitar los espacios de la protesta.  

Conclusiones
Hay que ser claros: no se trata de subrayar que existen políticas públicas contradictorias en la ciudad, o que el GDF tiene un comportamiento esquizofrénico, una especie de Dr. Jeykll y Mr. Hyde[xvi]. El objetivo es señalar que ambas políticas empleadas por el GDF son complementarias puesto que permiten desmovilizar y neutralizar la protesta al concentrar la atención en las pequeñas intervenciones, al apoderarse de los instrumentos de protesta. Esto lleva a muchos a creerse el cuento de que los pequeños cambios eventualmente cambiarán todo y a celebrar las pequeñas acciones “buenas” del GDF. Sin embargo, el escepticismo y la protesta deben seguir.

Se debe sostener una actitud crítica frente a la “festivalización” del Zócalo. Si bien no todo es negativo en la organización de estos eventos, ¿no son acaso más necesarios en otras partes de la ciudad? Por otra parte, ofrecen al gobierno una inmediata ganancia doble: se gana popularidad proveyendo entretenimiento y se evitan críticas frente a los efectos de la protesta social. Sin embargo, hay que ser conscientes de que el resultado urbano del gobierno de Mancera sigue siendo deficiente, y estas estrategias no deben ocultarlo.

Es necesario recuperar el carácter contestatario de las acciones de guerrilla urbana para transformar la ciudad, pues en manos del Gobierno del Distrito Federal solo han servido para consolidar políticas con bajo beneficio social.

Se debe recuperar lo que el poder ya domesticó.


Originalmente publicado en Horizontal.Mx


[i] Article 19 ha documentado diversas agresiones de policías a reporteros y defensores de los derechos humanos en diversas protestas, como las realizadas el 2 de octubre de 2013 y el 20 de noviembre de 2014.
[ii] Para mayores referencias sobre democracia urbana, véase “Nueve desafíos de la democracia urbana”, de Catalina Villarraga Pico.
[iii] Cabe señalar que el espacio urbano, incluyendo el espacio público, es uno construido socialmente y siempre estará modificándose; no es algo dado. Para mayores referencias a esto véase “La producción del espacio”, de Henri Lefebvre (Capitán Swing 2013).
[iv] Medina Ramírez, Salvador. (2011). Tecnologías de la información, espacio público y exclusión. El caso de Santa Fe y el espacio para el peatón. La Ciudad Viva. Disponible en: http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=9583
[v] Michel de Certau. (1999). “La intervención de lo cotidiano”. México: Universidad Iberoamericana.
[vi] Mozas, Javier. (2011:11). “El espacio público como campo de batalla”, en Strategy and Tactics in Public Space. España: A+T.
[vii] Programa establecido en la Gaceta Oficial del Distrito Federal  1621.
[ix] La #Wikicebra consiste en pintar una cebra peatonal por parte de los ciudadanos, convocados vía redes sociales, con el fin de visibilizar la falta de infraestructura para ellos. Un video de esta acción, se puede consultar en: https://www.youtube.com/watch?v=JdFeBoE0YRk
[x] Reynoso, Francisco. (2015). La miopía de Masaryk. México: Nexos. Disponible en: http://labrujula.nexos.com.mx/?p=359
[xi] Por ejemplo, el “Colectivo Haz Ciudad”, antes detractor del GDF y de Fernando Aboitiz, impulsor de la Supervía poniente y actual titular de la Agencia de Gestión Urbana, siendo parte del evento #CiudadPeaton de la dependencia del GDF LabDf. Este evento consistió en una caminata hasta el lugar del evento y en  conferencias diversas por activistas, ONGs, expertos del tema y gobierno. Realizada el 2 de febrero de 2014.
[xii] El #OcuppyMovement fue un movimiento a nivel global nacido a raíz de la crisis económica de 2011, que consistió en ocupar el espacio público de lugares simbólicos alrededor de instituciones financieras causantes de la crisis económica. Una táctica de guerrilla urbana, tanto por lo asimétrico del enfrentamiento como por realizarse en el terreno del “enemigo”.
[xiii] Sánchez, Mayela. (2015). En un año, Mancera sumó 54% más policías (94,837) para “controlar” movilizaciones. México: SinEmbargo. Disponible en: http://www.sinembargo.mx/23-07-2015/1423969
[xiv] Miguel Ángel Mancera anunció el 27 de enero de 2014 la remodelación de la plancha del Zócalo, aunque no se ha realizado.
[xv] En las marchas del 820 de noviembre y 1 de diciembre se registraron detenciones arbitrarias de manifestantes y otras personas que se localizaban en la zona. Véase para mayor información de ésta problemática y otros hechos: Frente por la libertad de expresión y la protesta social. (2015). Control del espacio público: Informe sobre retrocesos en las libertades de expresión y reunión en el actual gobierno. Disponible en: http://www.derechoshumanos.org.mx/spip.php?article226
[xvi] Reynoso, Francisco. (2015). El extraño caso del Dr. Mancera y Mr. Hyde. México: Nexos. Disponible en: http://labrujula.nexos.com.mx/?p=466

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