28 septiembre 2015

Cineteca Nacional: un estacionamiento, un centro comercial














Estacionamiento y entrada principal de la Cineteca Nacional. Autor: Salvador Medina Ramírez.

Durante la administración de Consuelo Sáizar, ex presidenta de Conaculta, y de Paula Astorga, ex directora del Fideicomiso para la Cineteca Nacional, se decidió remodelar la Cineteca Nacional con una inversión inicial de 438 millones de pesos.[i] El primer cuestionamiento al respecto es la necesidad de esta obra.[ii] Es probable que con lo erogado se pudiera haber construir una sucursal para diversificar la oferta de instalaciones dedicadas a aprovechar el gran acervo de la misma Cineteca. La centralización o concentración por sí misma no está justificada dada las amplias zonas urbanas y ciudades sin una oferta cultural alternativa.

El segundo cuestionamiento es respecto a los resultados de la remodelación de la Cineteca, la cual ni siquiera fue inaugurada oficialmente; en cambio, el ex presidente Felipe Calderón hizo un evento de “supervisión de las obras de ampliación y remodelación” al no estar 100% finalizadas[iii]. Por lo invertido, los beneficios deberían de darse tanto a los asistentes como al barrio en donde se localiza. Algunos podrán argumentar que en este sentido es un éxito al aumentar la asistencia en 30% en 2014 (1,090,401 espectadores[iv]) y al brindar nuevos espacios públicos al interior de la misma; pero esto sería una apreciación simplista. De hecho, los resultados son cuestionables desde estos mismos aspectos y otros más.

La primer serie de aspectos criticables son tanto los desperfectos y faltantes en la obra, así como su mismo diseño. Por un lado, posterior a su apertura se presentaros inundaciones, goteos y encharcamientos que  obligaron a cerrar 2 de las nuevas salas[v]; lo cual habla muy mal del control de calidad de la obra por parte del gobierno (algo típico en México, por desgracia). La solución requirió un cambio de los sistemas pluviales[vi], costos que fueron absorbidos por la empresa constructora.  No obstante, la remodelación total se estima llegará hasta 700 millones de pesos (60% más), de acuerdo a su actual director Alejandro Pelayo,[vii] debido a los faltantes y otras adiciones como señalización en asientos, taquillas, etc.  Hoy, tres años después de iniciada la obra,  sigue sin abrirse un “Museo del Cine y Videoteca Digital”, como parte del proyecto[viii] y en el que se habrían invertido una parte de 55 millones de pesos[ix] destinado a éste y al patio central. En cambio se inauguró una “Galería Nacional” con la cual se dan por concluida la remodelación con 3 años de retraso[x].

Por otro lado, hay dos evidentes errores de diseño que afectan a sus asistentes, que son atribuibles tanto la firma de arquitectos encomendada del proyecto (Rodjkin Arquitectos) como a los funcionarios públicos encargados de la obra. El primer error, el dimensionamiento de los nuevos baños en el nuevo edificio. Estos son a todas luces insuficientes para la demanda máxima que genera las nuevas 4 salas de cine para un total de 720 personas, un foro abierto para 750 personas, más las salas 6 salas ya existente (una capacidad total de 2,495 asistentes[xi]), a lo que hay que sumar las personas que se quedan más tiempo y en los comercios. Es común encontrar largas filas para entrar, especialmente a los de mujeres que obviamente requieren de más lugares de sanitarios, para atender a la misma cantidad y a la misma velocidad que el de hombres. Este error básico lo admitió el mismo Michel Rodjkin al mencionar que “el aforo era para 600 personas” (sic)[xii].

El segundo error de diseño, también es uno de capacidad y es el de los pasillos/rampas de acceso a las nuevas salas. Nunca se consideró el momento de máxima demanda (720 personas deseando entrar en minutos previos a 4 salas de cine, más otro tanto acudiendo al balcón o comprando en los helados), lo cual hace que los pasillos se saturen en determinados  momentos, volviendo torpe el acceso a las salas. Esto es una cuestión simple de ingeniería, si no todos caminan todos a la misma velocidad, hay quien regrese, o se quede parado, simplemente habrá filas y congestión de personas[xiii]. Situación que pasa fácilmente si hay una o dos funciones totalmente agotas. Esto parecerá un error menor, tal vez sea una molestia, pero si se toman en cuenta situaciones de riesgo como incendios o temblores, donde cientos de personas desean salir por ellos, estos son cuellos de botella diseñados para generar una tragedia (ojala nunca suceda algo así). Ya no hablemos de las dificultades para una persona con capacidades diferentes por lo largo que éstos son.

La segunda serie de aspectos criticables, es su integración urbana a pesar de sus nuevos espacios públicos. Al llegar por su “entrada principal” uno se topa con un estacionamiento de 6 niveles con 600 cajones de estacionamiento[xiv]. Una edificación que de inmediato sirve para cortar de tajo la conexión con el espacio público, dándole preferencia al automóvil particular sobre el peatón. Si no fuera por una pequeña casa con una miscelánea que quedó atrapada entre las entradas de éste, sería un lugar inhóspito. Además el estacionamiento es una gran muestra de la inequidad del gasto público, las regulaciones anacrónicas y la falta de planeación de las autoridades locales. Se sabe bien, que la mayor parte de los asistentes entran a pie por Mayorazgo[xv], calle considerada como secundaría, que conecta con al metro. No obstante, en mejorar las condiciones de accesibilidad peatonal en el entorno el gasto fue nulo. Por el contrario, el 25% de la inversión originalmente planeada (15% del total estimado) se dedicó a la construcción del estacionamiento. Esto es 30% más que el costo de las salas nuevas[xvi]. Tal vez la gran razón de su construcción está en su capacidad generadora de ingresos propios, pues hoy aporta el 12.9% de los ingresos totales de la cineteca (incluyendo pensiones nocturnas). Sin embargo, los costos sociales pueden ser mayores al fomentar un modo de transporte insustentable y que perjudica a la ciudad con sus externalidades negativas. Especialmente en una zona de la ciudad con tantos problemas de tráfico como es Cuauhtémoc, Churubusco y Universidad.














Estacionamiento de la Cineteca Nacional y entrada principal. Autor: Salvador Medina Ramírez.

Si bien el espacio de estacionamiento se requiere por leyes anacrónicas[xvii], las autoridades encargadas de la planeación urbana, tanto del DF como de la delegación, demostraron una nula sensibilidad y falta de idea de construcción de ciudad. Se pudieron haber reducido el número de cajones de estacionamiento y/o eliminar como medida de compensación ante los efectos nocivos de mayor tráfico. Los recursos ahorrados se pudieron usar para arreglar Mayorazgo, lo cual también habría beneficiado a los vecinos. De igual modo, debido a la gran cantidad de obras y desarrollos inmobiliarios en el pueblo de  Xoco, hay un límite de lugares de estacionamiento y tráfico vehicular que puede soportar la zona sin congestionarla (más de lo que ya está en horas pico). Por ello, se debió limitar el número de cajones o eliminar todos estos y la gran mayoría de otros desarrollos (como Mitika que contará con 9 mil cajones). Al no hacerlo, el GDF está garantizando congestión en la zona. 

Habría que hacer un paréntesis sobre la administración del estacionamiento, el cual básicamente subsidia su uso al costar 25 pesos no importando las horas que se use por un día y sin requisito alguno. Un incentivo a permanezcan todo el tiempo que se quiera y a que personas que visitan la zona puedan utilizarlo sin siquiera entrar a ver cine. El estacionamiento recibe en promedio a la semana 4,394 autos,[xviii] es decir, 627 autos diarios, lo que implica es que técnicamente no hay rotación de autos y que pocas personas llegan usando este medio de transporte. Esto se traduce en  saturación del estacionamiento y hace que quienes no encuentren lugar busquen en las calles aledañas generando congestión y todo tipo de complicaciones a los vecinos.














Entrada “secundaría” de la Cineteca Nacional. Autor: Salvador Medina Ramírez.

Ahora bien, lo más alarmante de la remodelación de la Cineteca es cómo niega mayor vida al barrio. Pudiendo escoger otro diseño que permitiera mayor permeabilidad con el espacio público y generar frentes activos, se prefirió encerrar la actividad. El acceso por Mayorazgo tiene una enorme reja, con espacios para carteles, que no se pueden considerar permeables con el espacio público. La remodelación incluyó la construcción de una gran cantidad de locales comerciales (que se usan por restaurantes, cafés y librerías) al interior, que hacen que se asemeje más a un centro comercial con cines, que aun recinto cultural abierto al barrio. Y es justamente el centro comercial como tal, la negación de la vida pública, del espacio público, de la vida de calle, de los negocios pequeños locales, para encerrar a la población en un recinto dedicado únicamente al comercio de franquicias en un espacio controlado por privados. Algo que no está nada lejos hoy de lo que sucede hoy en la Cineteca Nacional; aún con sus eventos gratuitos al interior.

Pareciera que tanto Paola Astorga, Consuelo Sáizar, Michel Rodjkin, así como el GDF, consideraron un centro cultural más como un centro comercial y no como uno de difusión e integración de la población; al auto como un bien necesario para ver cine; a la seguridad y comodidad de sus asistentes como algo secundario, y al barrio y la ciudad como algo al margen.

Publicado originalmente en el blog La Brújula, de Nexos.



[i] Cantidad antes de Impuesto al Valor Agregado. Fuente: Solicitud de información 0431000001015
[ii] Gatopardo, “La nueva ciudad del cine”.
[vi] Fuente: Solicitud de información 0431000001015 RDA 1690/15
[ix] Fuente: Solicitud de información 0431000001015
[xiii] En ingeniería se estima que un metro de espacio permite circular a 75 por minuto a un nivel de “servicio E”, esto operando a su máxima capacidad y con congestión; mientras que escaleras de un metro de ancho en nivel de “servicio E” pueden circular 49 personas. Los pasillos de ascenso a las nueva salas tienen un tamaño aproximado de 1.5 metros y  con pendiente, la cual le quita capacidad. Esto permite suponer que estarán cerca de permitir circular entre 150 a 200 personas por minuto a máxima capacidad. Si más de 200 personas desearan subir al mismo tiempo, no lo lograrían y habría congestión peatonal.
[xv] La ocupación promedio de autos en el DF es de 1.2 pasajeros. Esto nos da un estimado de 720 personas llegando en auto, que representarían el 29% de los asistentes totales. Esto suponiendo que todos los que utilizan el estacionamiento van al cine.
[xvi] El estacionamiento tuvo un costo de $107,687,654.25, su fachada $887,103.43,  mientras que las salas nuevas costaron $83,127,141.98 (montos antes del Impuesto de Valor Agregado). Solicitud de información 0431000001015 RDA 1690/15
[xviii] Fuente: Solicitud de información 0431000001015

24 septiembre 2015

DF: el control del espacio público y la domesticación de la guerrilla urbana

Desde que Miguel Ángel Mancera asumió la jefatura del Gobierno del Distrito Federal (GDF) comenzó un conflicto directo por el uso de ciertos espacios públicos en la ciudad. Una estrategia de esta administración –no adoptada por los otros gobiernos de izquierda de la capital– ha sido la del uso de la fuerza pública de manera abierta y recurrente para confrontar manifestaciones locales o no locales (como en el conflicto magisterial de 2013 o en las manifestaciones de Ayotzinapa). Los resultados de estas disputas han sido detenciones arbitrarias y agresiones a la prensa y a defensores de derechos humanos,[i] situaciones que han suspendido derechos democráticos como la libertad de protesta y de prensa. Al mismo tiempo, y paradójicamente, el mismo GDF ha emprendido un discurso conciliador respecto al uso del espacio público. Ejemplo de ello es el uso del lema “Decidiendo Juntos” y las políticas sociales dirigidas a reducir desigualdades a nivel urbano, con sus lemas “Primero el Peatón, “Calles para Todos” y “Parques de bolsillo”, así como iniciativas de promoción a la participación ciudadana, como el presupuesto participativo o el #CDMXTeRequiere.

A primera vista parecerían acciones contradictorias; sin embargo, se trata de dos caras de la misma moneda; es decir: ambas son políticas destinadas a controlar el espacio público del Distrito Federal, o, por lo menos, el espacio político (o el uso político del espacio), cosa que es usualmente más relevante para el GDF.

El espacio público, espacio de conflicto
El espacio público de las ciudades es el lugar donde las personas se interrelacionan y donde confluye una gran cantidad de intereses (públicos y privados). Por ello, es natural que en él se den conflictos: no todos los actores tienen los mismos intereses, y no siempre las relaciones de convivencia se dan en los mejores términos. En el espacio público, el papel del gobierno es establecer las reglas mínimas, así como vigilar su cumplimiento, so pena de castigo, para que los conflictos no escalen a niveles de violencia abierta.

En teoría, la acción gubernamental, en una democracia, no debería causar mayor malestar social puesto que lograría representar a la mayoría y haría entender al resto la naturaleza del juego en el que participa. No obstante, la realidad es diferente, y más en un entorno tan complejo como el del Distrito Federal. Por un lado, en el mismo DF es donde se asientan los poderes de la federación, lo cual propicia que decisiones de otros niveles de gobierno, que generan malestar social en su área geográfica, deriven en protestas que se expresan en el espacio público del DF, independientemente de las responsabilidades del gobierno local o del sentir de sus habitantes. Las cientos de manifestaciones anuales provenientes de otros estados de la república, dirigidas a instituciones federales, así lo atestiguan.

Por otra parte, la ciudad es tan grande y compleja que es prácticamente imposible, bajo el sistema institucional actual (carente de participación democrática, transparencia y estrategias de comunicación social), que el gobierno medie y resuelva todos los conflictos propiciados por intereses locales o estatales. Esto termina llevando, de una u otra forma, a un déficit democrático, que se traduce en acciones arbitrarias y conflictivas del gobierno del DF en el espacio público.

Si a esto agregamos los altos niveles de corrupción en la gestión del espacio público, que frecuentemente permiten la apropiación del mismo por ciertos grupos económicos en detrimento del resto de la población, este sistema puede generar mayor malestar social y volver muchas situaciones incontrolables.

Por lo anterior, el espacio público del DF es altamente conflictivo, no solo por su naturaleza, también por las características institucionales y sus políticas locales.

El urbanismo táctico y el estratégico en el espacio público
El déficit democrático y la gran cantidad de conflictos urbanos no son exclusivos del Distrito Federal: es una situación que se espera en prácticamente cualquier ciudad del mundo, ante la falta de una verdadera democracia urbana.[ii] Ante este escenario de conflicto, no extraña que se tomen conceptos propios de los conflictos armados para explicar las acciones desarrolladas en el espacio público, de apropiación y resolución de los conflictos con intervenciones urbanísticas (infraestructura, arquitectura, etcétera). Dichas intervenciones pueden ser parte de estrategias o de tácticas urbanas con objetivos variables.

La “estrategia urbana” puede definirse como un ejercicio del poder en un lugar específico, especialmente pensado como poder público y como un plan determinado. Es decir, una acción de poder enfocada a conseguir el control del espacio público, y así establecer una nueva forma de uso.
Por su parte, la “táctica urbana” es una acción que se puede definir como una acción inmediata en el terreno del otro; una que actúa de forma oportunista y confrontadora para generar cambios. Generalmente son realizadas desde fuera del “poder establecido”, con el fin de apropiarse del espacio público. Así se ha entendido recientemente el “urbanismo de guerrilla”.

El “urbanismo de guerrilla”, cada vez más popular entre movimientos confrontados con el poder del gobierno, ejerce tácticas insurgentes y más agresivas, intervenciones por sorpresa, como en emboscada, que responden a una confrontación asimétrica, que rompen y desafían las reglas gubernamentales en el espacio público, con el fin último de convertirlo en un espacio de lucha política y reivindicar ciertas demandas ciudadanas no atendidas.

Del urbanismo táctico de base al urbanismo táctico gubernamental
El espacio público[iii] del Distrito Federal ha sido, de la Revolución al presente, un lugar donde se realizan intervenciones con motivos distintos, religiosos, políticos o hasta con fines de lucro privado. Pero la acción más común de todas siguen siendo las marchas y los plantones (aún antes de que los movimientos #Occupy apareciesen y se popularizaran a nivel global).

Sin embargo, las acciones de urbanismo táctico, con su reivindicación política explícita, son un fenómeno reciente, incluso a nivel global. Los primeros ejemplos publicitados en el DF fueron las “masas críticas” de ciclistas que ocupaban las calles (espacio público) para demandar áreas para el uso cotidiano de la bicicleta, ante la apatía de los políticos del GDF para protegerlos. Otra acción reciente fue la #wikibanqueta, una intervención para delimitar con pintura una “banqueta” que no existía en el Puente de los Poetas[iv], y que fue no solo una reivindicación del peatón sino también una crítica a la construcción de una autopista urbana (la Supervía Poniente) sobre áreas naturales y barrios de bajos ingresos –una acción que actuaba en el terreno del adversario (Santa Fe) y no necesariamente en los barrios afectados.

A la izquierda, #Wikibanqueta en el Puente de los Poetas; a la derecha, #Wikicebra en la Zona Rosa. Fotos del autor.

Estas tácticas de “guerrilla urbana” obligaron al poder público a priorizar un poco más las políticas a favor de los ciclistas y también a generar un espacio peatonal en una autopista urbana (aunque no a detener su construcción, como hubieran deseado algunos de los activistas).
No obstante lo anterior, debe quedar claro que el urbanismo táctico no es exclusivo de los movimientos sociales. Los gobiernos necesitan de legitimidad social para existir. Recurrir al urbanismo de guerrilla es una forma de lograr visibilidad frente a la sociedad. La siguiente cita de Michel de Certau esclarece la lógica con la que instituciones dominantes, como el GDF, utilizan estrategias guerrilleras:

Cuanto más débiles son las fuerzas a disposición del poder, más propicio será este a utilizar el engaño. Cuanto más débiles sean a las fuerzas estratégicas, más se transformará la estrategia en táctica. Por ello se dan situaciones híbridas en las que el poder absorbe y se aprovechan de las propuestas tácticas, adoptando el papel de actor principal e integrando las reivindicaciones colectivas en actividades que tienen su origen y financian en la propia administración.[v]

Mozas lo define muy bien: “el poder emplea estrategias de control sobre el espacio público, de la misma manera que los movimientos de base desarrollan tácticas para desgastar el poder y apropiarse a su vez del espacio.”[vi]

En este sentido, el GDF –ante su cuestionada legitimidad por la realización de ciertas obras públicas, por la apropiación del espacio público por grupos privados, por su déficit democrático, por su debilidad para establecer estrategias en el espacio público y por el uso desmedido de la fuerza pública– también ha recurrido al urbanismo táctico. Esto como una forma de engaño para reducir el conflicto alrededor del espacio público y ganar legitimidad social que le permita desplegar otro tipo de políticas poco populares o abiertamente antidemocráticas.

Ejemplo de ello son iniciativas desde la burocracia del GDF como el programa Tu Ciudad Te Re-Quiere (#CDMXTeRequiere), en la que los funcionarios públicos de distintas dependencias y sus titulares salen a la calle a remozar el espacio público; de paso invitan a los vecinos a cooperar, como forma de participación ciudadana.[vii] A nivel más local también se han lanzado campañas como el “Rey Peatón” (pasos peatonales decorados con peatones simbolizando ser reyes[viii]). Ambos son actos parecidos a tácticas como las de la #Wikibanqueta o #Wikicebra[ix] en el DF y otras tantas ciudades del mundo.

















El delegado de la delegación Miguel Hidalgo (2012-2015) Víctor Romo pintando un #ReyPeatón en un paso de cebras. Foto vía: Delegación Miguel Hidalgo.

Otros ejemplos son la organización de caminatas para apoyar eventos políticos (como #CaminaMasaryk para la inauguración de una obra cuestionable)[x] e incluso de conferencias de urbanismo táctico, en las cuales se invitan a los diferentes detractores que han llevado a cabo intervenciones contra el gobierno, como una forma de debilitar su discurso y/o apropiarse del mismo.[xi] Se puede decir lo mismo de actividades como el grafiti: el gobierno ha contratado a “artistas callejeros” para dar un aura de juventud y rebeldía a instalaciones gubernamentales. El ejemplo por excelencia sería el street art que adorna el Instituto de la Juventud del Distrito Federal.





















Grafiti sobre en Instituto de la Juventud del DF realizado por Curiot. Foto vía: La Miscelánea.

Del discurso del espacio público a la acción real del GDF
El objetivo principal del GDF, al emplear estrategias propias de la “guerrilla urbana”, ha sido el de legitimarse con un discurso que se dice en favor del peatón, del ciclista y de la participación ciudadana. Lo cual, acompañado de algunas políticas parciales, como la expansión de ecobici o del metrobús, le ha permitido dotarse de un aura de sustentabilidad, de inclusión, de algo que gusta llamarse “progresista”, aunque la ciudad esté lejos de tener estas prácticas como su prioridad.














Miguel Ángel Mancera pintando una cebra peatonal en el marco del día del peatón de 2013 y como parte de las jornadas de #CDMXTeReQuiere. Foto: Chilango.

El que Miguel Ángel Mancera pinte una cebra peatonal para disfrazarse de ciudadano y resaltar que se preocupa por el bienestar de los peatones es absurdo. Uno podría considerar: “Mira, un gobernante (Mancera) pintando un paso peatonal, para mejorar la ciudad. Al fin hace su trabajo.” Pero esta escena enmascara las faltas del gobierno cuando se trata de dar mantenimiento a la señalización vial para el peatón. Eso es perverso. Si todos los pasos peatonales estuvieran bien, ¿por qué habría de realizar esta acción y hacerla mediática? Y con un mínimo de recato y seriedad, ante la dimensión de esta falta tan básica, el gobierno simplemente estaría trabajando en solucionar el problema sin propaganda tan prominente. Que el jefe de bobierno, o cualquier otro funcionario público, pinte un paso peatonal para anunciar acciones de gobierno debe verse como tal: es un teatro mediático en el que se “anuncia”mejorar la situación para que todo quede igual o incluso empeore.

Es así que una acción de guerrilla urbana para denunciar la falta del gobierno, como la #Wikicebra, es apropiada por el gobierno para emprender acciones que van en sentido contrario, como lo demuestran los proyectos de construcción de al menos tres autopistas urbanas más que privilegian al auto sobre la bicicleta o el peatón (la Supervía Sur, el viaducto elevado a Santa Fe y un segundo piso en Insurgentes Norte). Otra muestra es la conversión del Circuito Interior en una vía rápida (mediante puentes y un paso a desnivel en Mixcoac). Todas estas obras reciben menos atención mediática, y cuando el GDF requiere defenderlas, se ha visto abiertamente en la necesidad de mentir, mencionando que son sustentables, que son incluyentes, que son amables con el peatón, que se ha consultado a la población. Claramente no es así.

De la protesta social al #OccupyZocalo
Si bien las marchas y los plantones no son novedad en el Distrito Federal, los acontecimientos a partir de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto (el 1 de diciembre de 2012) y de la reforma educativa (2013) cambiaron la dinámica en la ciudad –la cual volvería a cambiar, tiempo después, con los trágicos hechos de Ayotzinapa.

Por una parte, la ciudad vivía diversas protestas en contra de Peña Nieto, encabezadas principalmente por estudiantes aglutinados en el movimiento #YoSoy132. Por otra parte, el CNTE, debido a su oposición a la reforma educativa, realizó una serie de marchas y bloqueos de la vía pública. En un lenguaje más de guerrilla urbana podríamos catalogarlos como “masas críticas peatonales” o “happenings”. Además, los maestros también se vieron involucrados en un plantón en el Zócalo que duró cinco meses. En términos popularizados por las redes sociales en cuanto a guerrilla urbana, bien pudo habérsele llamado al plantón #OcuppyZocalo.[xii] Este plantón, sin embargo, generó numerosos reproches entre los automovilistas y una confrontación directa con el gobierno federal y el del DF.   

Ante estos conflictos, la estrategia del GDF fue: aplicación de la ley y afirmación de su poder punitivo. Incrementó 54% el número de policías para controlar las movilizaciones sociales[xiii] y utilizó esta fuerza pública para impedir que las protestas llegaran al Zócalo y así pudieran retomarlo. Dicha estrategia se acompañó con abusos de poder (arrestos, detenciones injustificadas y uso excesivo de la fuerza pública) que redujo la popularidad y legitimidad del PRD entre algunos grupos de base (cosa que parcialmente explica la reciente derrota electoral de este partido en la ciudad, así como parte del declive de la popularidad de Mancera y la recomposición de su gabinete).

En el Zócalo Mancera recurrió a una táctica similar de ocupación del espacio público con la activa organización de eventos y actividades “festivas”, incluyendo una exhibición militar (“Fuerzas Armadas: Pasión por Servir a México”), un despliegue de poder sin duda alguna. Esto con el fin de evitar el retorno de cualquier manifestación. Hoy tenemos en ese espacio un plantón gubernamental cuasi permanente, una suerte de #OccupyZocalo que se acompaña ahora con un aviso de que será “remodelado”[xiv]. El objetivo probable: que la fuerza de la obra pública evite el retorno de manifestantes por un periodo indeterminado.

Es importante subraya que, tiempo después, la tragedia de Iguala desató una enorme masa de protestas en todo el país y en especial en el Distrito Federal. El tamaño de la indignación social fue tal que el GDF no intervino con grandes despliegues de fuerza pública en las marchas, como lo había hecho con anterioridad, lo que parecía un alto a la criminalización de la protesta. No obstante, no por ello dejó de haber detenciones arbitrarias,[xv] como tampoco ha dejado de haber eventos en la plancha del Zócalo para evitar su ocupación: la pista de hielo, la filmación de la película de James Bond, la “Feria de las Culturas Amigas”, la Aldea Digital de Telmex o el próximo concierto masivo de la Semana de las Juventudes, por ejemplo. Esto significa un cambio en la escala y el tipo de  estrategia: disminuye el uso de la fuerza pública, pero no se renuncia a su uso. La táctica de ocupación estatal del espacio público, por su lado, se fortalece, esto con el fin de limitar los espacios de la protesta.  

Conclusiones
Hay que ser claros: no se trata de subrayar que existen políticas públicas contradictorias en la ciudad, o que el GDF tiene un comportamiento esquizofrénico, una especie de Dr. Jeykll y Mr. Hyde[xvi]. El objetivo es señalar que ambas políticas empleadas por el GDF son complementarias puesto que permiten desmovilizar y neutralizar la protesta al concentrar la atención en las pequeñas intervenciones, al apoderarse de los instrumentos de protesta. Esto lleva a muchos a creerse el cuento de que los pequeños cambios eventualmente cambiarán todo y a celebrar las pequeñas acciones “buenas” del GDF. Sin embargo, el escepticismo y la protesta deben seguir.

Se debe sostener una actitud crítica frente a la “festivalización” del Zócalo. Si bien no todo es negativo en la organización de estos eventos, ¿no son acaso más necesarios en otras partes de la ciudad? Por otra parte, ofrecen al gobierno una inmediata ganancia doble: se gana popularidad proveyendo entretenimiento y se evitan críticas frente a los efectos de la protesta social. Sin embargo, hay que ser conscientes de que el resultado urbano del gobierno de Mancera sigue siendo deficiente, y estas estrategias no deben ocultarlo.

Es necesario recuperar el carácter contestatario de las acciones de guerrilla urbana para transformar la ciudad, pues en manos del Gobierno del Distrito Federal solo han servido para consolidar políticas con bajo beneficio social.

Se debe recuperar lo que el poder ya domesticó.


Originalmente publicado en Horizontal.Mx


[i] Article 19 ha documentado diversas agresiones de policías a reporteros y defensores de los derechos humanos en diversas protestas, como las realizadas el 2 de octubre de 2013 y el 20 de noviembre de 2014.
[ii] Para mayores referencias sobre democracia urbana, véase “Nueve desafíos de la democracia urbana”, de Catalina Villarraga Pico.
[iii] Cabe señalar que el espacio urbano, incluyendo el espacio público, es uno construido socialmente y siempre estará modificándose; no es algo dado. Para mayores referencias a esto véase “La producción del espacio”, de Henri Lefebvre (Capitán Swing 2013).
[iv] Medina Ramírez, Salvador. (2011). Tecnologías de la información, espacio público y exclusión. El caso de Santa Fe y el espacio para el peatón. La Ciudad Viva. Disponible en: http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=9583
[v] Michel de Certau. (1999). “La intervención de lo cotidiano”. México: Universidad Iberoamericana.
[vi] Mozas, Javier. (2011:11). “El espacio público como campo de batalla”, en Strategy and Tactics in Public Space. España: A+T.
[vii] Programa establecido en la Gaceta Oficial del Distrito Federal  1621.
[ix] La #Wikicebra consiste en pintar una cebra peatonal por parte de los ciudadanos, convocados vía redes sociales, con el fin de visibilizar la falta de infraestructura para ellos. Un video de esta acción, se puede consultar en: https://www.youtube.com/watch?v=JdFeBoE0YRk
[x] Reynoso, Francisco. (2015). La miopía de Masaryk. México: Nexos. Disponible en: http://labrujula.nexos.com.mx/?p=359
[xi] Por ejemplo, el “Colectivo Haz Ciudad”, antes detractor del GDF y de Fernando Aboitiz, impulsor de la Supervía poniente y actual titular de la Agencia de Gestión Urbana, siendo parte del evento #CiudadPeaton de la dependencia del GDF LabDf. Este evento consistió en una caminata hasta el lugar del evento y en  conferencias diversas por activistas, ONGs, expertos del tema y gobierno. Realizada el 2 de febrero de 2014.
[xii] El #OcuppyMovement fue un movimiento a nivel global nacido a raíz de la crisis económica de 2011, que consistió en ocupar el espacio público de lugares simbólicos alrededor de instituciones financieras causantes de la crisis económica. Una táctica de guerrilla urbana, tanto por lo asimétrico del enfrentamiento como por realizarse en el terreno del “enemigo”.
[xiii] Sánchez, Mayela. (2015). En un año, Mancera sumó 54% más policías (94,837) para “controlar” movilizaciones. México: SinEmbargo. Disponible en: http://www.sinembargo.mx/23-07-2015/1423969
[xiv] Miguel Ángel Mancera anunció el 27 de enero de 2014 la remodelación de la plancha del Zócalo, aunque no se ha realizado.
[xv] En las marchas del 820 de noviembre y 1 de diciembre se registraron detenciones arbitrarias de manifestantes y otras personas que se localizaban en la zona. Véase para mayor información de ésta problemática y otros hechos: Frente por la libertad de expresión y la protesta social. (2015). Control del espacio público: Informe sobre retrocesos en las libertades de expresión y reunión en el actual gobierno. Disponible en: http://www.derechoshumanos.org.mx/spip.php?article226
[xvi] Reynoso, Francisco. (2015). El extraño caso del Dr. Mancera y Mr. Hyde. México: Nexos. Disponible en: http://labrujula.nexos.com.mx/?p=466