26 marzo 2016

El fetichismo de los políticos

La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) vivió un episodio que derivó en una contingencia ambiental y aplicar medidas extraordinarias: “hoy no circula” sin importar el holograma. Lo inédito del asunto, en 14 años sin suceder, también llevó a anunciar una nueva norma para endurecer las verificaciones vehiculares y el “hoy no circula”.

La medida apunta correctamente al automóvil, pero está planteada en términos de “hacerlo más sustentable”, siendo que sus causas son más profundas: falta de planeación del desarrollo urbano, de su divorcio con la movilidad y la sustentabilidad.

Por un lado, la ciudad es un fenómeno mayor al Distrito Federal (que por iniciativa de Mancera será ahora “Ciudad de México”), y que en realidad abarca municipios del Estado de México e Hidalgo. Algo que ha impedido tomar las medidas adecuadas en la escala adecuada. La ciudad y su área de influencia, la ZMVM, está dividida por 3 entidades, 16 delegaciones y 60 municipios, con marcos jurídicos e institucionales y políticas públicas diferentes, a veces contradictorias. En la práctica no exista una planeación urbana efectiva, mucho menos de provisión de servicios ni políticas ambientales para sus más de 20 millones de habitantes.

De 1980 a 2010 la ZMVM expandió 6.75% anual su superficie de forma desordenada y anárquica, mientras la población sólo crecía al 1.9% anual. En el área conurbada sucedió el 98% del crecimiento, fomentada en parte por la política de vivienda federal, mientras el transporte público masivo se mantenía concentrado en el DF (tiene más del 80% de los km de metro, metrobús, suburbano, mexibús, tren ligero y trolebús), entidad que se despoblaba.

Dicha expansión generó bajas densidades e hizo inviable financieramente proveer transporte público masivo y, por ello, los gobiernos locales han dejado proliferar a los microbuses para suplir sus faltas. El resultado es un fuerte incentivo al uso del auto; una respuesta natural para recorrer grandes distancias sin verse sometidos al suplicio de un mal servicio de transporte público. Mientras las opciones de caminar o usar la bicicleta prácticamente se nulifican para los viajes entre las entidades.
Además las políticas de todos los órdenes de gobierno han sido enormemente pro-uso del automóvil. Todos han construido segundos pisos, pasos a desniveles, tienen generosas políticas para provisión de estacionamiento, etc, que incentivan el uso del auto y generan mayor expansión urbana, incluso sobre áreas verdes que reducen la contaminación. Aunque el uso del auto solo solución para una minoría (30% de los viajes) dadas las desigualdades económicas de la ZMVM. Por ejemplo, de 2004 a 2014 se gastaron 16 mil millones de pesos en obras viales para dar acceso a Santa Fe, varias sobre parques y reservas naturales, cantidad dos veces superior al costo de las primeras 5 líneas de metrobús. Al mismo tiempo, se desmantelan servicios de transporte público amables con el ambiente, como el trolebús; la fragmentación institucional hace que el metrobús pare su ruta en la frontera con el Estado de México y viceversa pasa con el mexibús, cuando debieran actuar como un mismo sistema; el subsidio del metro lo absorba sólo el DF, sometiéndolo a problemas financieros que se reflejan en su servicio, y el espacio dedicado a estacionamiento crece a mayor velocidad que el dedicado a vivienda.

No extraña así que el número de autos crezca a un ritmo del 6% anual, y podrían haber 7.7 millones de autos en la ZMVM a 2014. Tampoco debiera extrañar que se haya catalogado a la ciudad con el peor tráfico del mundo y que tengamos grandes problemas de contaminación ambiental (también por la falta de regulación del transporte de carga y motos). A lo que hay que añadir los miles de muertos por accidentes viales, el ruido o la gases de efecto invernadero que generan costos ambientales y sociales del orden del 4.6% del PIB anual de la ZMVM.

Cambiar requiere de un enfoque muye diferente. Una planeación en conjunto, entre los diferentes gobierno e incluyendo a la sociedad. A invertir principalmente en el transporte público masivo, a crear un sistema de transporte integrado en el cual desaparezcan de una vez por todas el modelo de hombre-camión que son los microbuses. En aplicar políticas que desincentiven el uso del auto y sirvan para financiar al mismo transporte público, como puede ser crear una tenencia ecológica. Tener autos más limpios es parte de la solución, pero no resolverá el problema, pues aún si todos fueran eléctricos, el congestionamiento, los accidentes y los tiempos de traslado persistirían.


Es tiempo de replantearnos la ciudad hacia una que sea vivible para todos. Donde deje de construirse para una minoría. Una ciudad no fragmentada, pues tanto los habitantes de Ecatepec como los de Tlalpan, los 20 millones de habitantes de la metrópolis, tienen derecho a un ambiente sano, derecho disfrutar de la ciudad cotidianamente, a no vivir presas de un mal transporte público o del tráfico por la miopía, irresponsabilidad, por el sectarismo de los políticos que nos gobiernan, a su fetichismo hacía el auto.

Publicado originalmente en Tribuna de Milenio

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