31 julio 2017

Revisitando Tajamar, especulación inmobiliaria, turismo y sustentabilidad


TAJAMAR Y AL FONDO COMPLEJO LAS AMÉRICAS –MALECÓN CANCÚN. Foto: Salvador Medina.

Hoy vale recordar el ecocidio de Tajamar a más de un año de sucedido, pues el Gobierno Federal aunque fue anfitrión de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP13) en Cancún, durante el mes de diciembre de 2016, sigue sin emprender acciones para reparar el manglar y cancelar el proyecto en definitiva, pues su situación jurídica se encuentra aún sin definición. La contradicción del gobierno Federal es obvia, Cancún fue la ciudad que sucedió este desastroso evento y en una de las regiones más devastadas ambientalmente del país en las últimas décadas. Un evento internacional donde justo se habló de la conservación y se celebraron compromisos internacionales en esa dirección, pero cuyo gasto fue equivalente a un año de presupuesto para conservar las áreas naturales del país. 

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Tajamar ha dado grandes lecciones sobre cómo las autoridades (en este caso FONATUR) “falsean información para poder privatizar recursos naturales y permitir su destrucción con tal de atraer inversionistas. Esto a pesar de conocerse los beneficios de conservar el medio ambiente para la población que ahí habita y para el mismo modelo turístico, como es el caso de los manglares necesarios para el mantenimiento de la arena en las playas (sin hablar de los beneficios que tienen para la biodiversidad que la habitan).

Sin embargo, poco se ha hablado del por qué ocurrió Tajamar, en ese preciso instante y en ese preciso lugar, cuando ya llevaba más de 15 años de haber sido planteado este proyecto. Cuando el desarrollo turístico a lo largo de la costa de Quintana Roo ha arrasado hasta con el 55% del manglar desde la década de 1970, y, por lo tanto, los inversionistas quizá habrían podido desarrollarlo en otra parte del estado sin que nadie se hubiera percatado, no como en este manglar. 

La respuesta es que si bien Tajamar es parte de la industria turística, no responde del todo a este modelo desarrollado en Quintana Roo. No se encuentra a pie de playa, ni frente al mar, ni frente a ruinas arqueologías u otro atractivo natural, que suelen ser los motivos más apreciados por el turista que visita la zona. Su lógica de hecho es más urbana, en otras palabras, tiene que ver con Cancún como ciudad y con la lógica de un mercado inmobiliario que trata de combinar un nuevo mercado local con el mercado turístico.

Tajamar se encuentra localizado en un sitio privilegiado de la zona metropolitana de Cancún. A un costado de la parte más antigua habitacional y reconocida como el centro de la ciudad. Ese lugar donde se construyeron las famosas “supermanzanas” proyectada para cubrir la necesidad de vivienda de los primeros 20 mil habitantes de Cancún.[i] También se localiza justo al inicio del boulevard Kukulcán, la puerta a la zona hotelera y muy cerca del desarrollo turístico cerrado de Puerto Cancún (al norte) – con características similares a lo planeado en Tajamar y a desarrollos comparables en Dubai. 

ILUSTRACIÓN 1: SITUACIÓN URBANA DE TAJAMAR

En este punto tan atractivo por su localización ha surgido un enorme complejo, Las Américas –Malecón Cancún: cuenta con un centro comercial, oficinas, torres de departamentos, hoteles y hospital. Mientras a su alrededor han surgido más espacio para oficinas, comercio (como Plaza Azuna), hoteles y viviendas de lujo (como el desarrollo Villalta en  El Table). Todo esto va más allá de la simple atracción de turistas, también son desarrollos enfocados al comercio local de medios y altos ingresos. En la creación de espacios de trabajo “modernos”, de vivienda con el lujo de la localización, ya sea como inversión inmobiliaria o para el uso de estratos con alto poder adquisitivo (residencia permanente o segunda casa). De ahí la importancia comercial del “Proyecto Malecón Tajamar”, un terreno virgen de grandes dimensiones, con una localización urbana envidiable, junto a un mercado inmobiliario boyante y el mercado turístico de sol y playa del país (que atrajo 4.6 millones de visitantes en 2015 a Cancún[ii]). 

ILUSTRACIÓN 2: IMAGEN OBJETIVO DEL PROYECTO MALECON TAJAMAR

Una lógica no muy diferente a la sucedida en sus inicios en Santa Fe, Ciudad de México. Un sitio con grandes terrenos cercanos a zonas de altos ingresos y con buena accesibilidad al centro de la ciudad. Aunque, con grandes problemas de movilidad  debido a la falta de transporte público masivo y un gasto público enfocado al auto. Así como grandes riesgos de sustentabilidad, tal como lo demostraron los recientes derrumbes. Situaciones que tendrían que aprender en Tajamar y el resto de la Riviera Maya. 

El crecimiento explosivo de Cancún y su zona metropolitana ha generado una demanda puramente urbana que se evidencia con el aumento, entre 1980 y 2010, de 25.79 veces su territorio urbano y  de 18.2 veces  su población (de 47 mil a 677 mil)[iii]. Esto ha dado pasó, a su vez, a la existencia de una minoría de la población local altamente beneficiada por el turismo y una mayoría excluida de sus grandes beneficios, cada una con sus propias demandas de vivienda, servicios y localización. 

Es en este contexto en que Tajamar se volvió valioso para satisfacer la demanda de los sectores de altos ingresos, los más beneficiados por el turismo; en especial se demanda la centralidad, un beneficio que es irremplazable. Sólo hasta que se alcanzaron estas economías de aglomeración es que el desarrollo de Tajamar logró conseguir los inversionistas suficientes para su desarrollo, 15 años después de planteado.

Al mismo tiempo, en este desarrollo se podría haber atendido las demandas de un sito turístico que demanda más cosas que sólo sol y playa o quedarse encerrados en los hoteles “todo incluido” que son “todo excluyentes”. Esto lo ha demostrado el enorme éxito comercial de la “5ta Avenida” en Playa del Carmen, ciudad competidora de Cancún por atraer turistas, en donde salen a caminar y pasear, e incluso en la 10ma Avenida se construyó una ciclovía que conecta directamente con el complejo Playacar para el uso de los turistas y los locales. Un tipo de vida urbana de la cual carece la zona hotelera de Cancún, que padece una severa falta de integración urbana con el resto de la ciudad.

ILUSTRACIÓN 3: IMAGEN OBJETIVO DE LA RAMBLA COMERCIAL DEL PROYECTO MALECÓN TAJAMAR

Tan sólo véase lo que se pretendía desarrollar en Tajamar: un sitio con 5,096 unidades de alojamiento, 2,607 viviendas, usos comerciales, edificaciones de hasta 14 niveles, una basílica para 2 mil feligreses católicos, una rambla comercial y un ancho malecón con ciclovía. Todo en una superficie de 784,090 m2 y vendible de 386,902 m2. A lo que hay que añadirle la construcción del Parque Cancún (Ecopark Cancún), en un terreno donado por Fonatur al municipio de Benito Juárez, el cual pretende arrasar una zona de manglares de 240 hectáreas al sur de Tajamar. Esto con el fin de hacer un “parque ecológico”, no en el sentido de la conservación de la naturaleza, sino muy probable en el sentido de generar una producto que compita con la “ecología empaquetada” que ofrece el Grupo Xcaret.

ILUSTRACIÓN 4: ECOPARK, CANCÚN. PROYECTO CONCEPTUAL
Fuente: Noticaribe.

Difícilmente los 29 inversionistas privados y FONATUR hubieran querido construir esto en las afueras de la ciudad, junto al ejido urbanizado de Alfredo V. Bonfil o cercanos a los asentamientos irregulares de la colonia Avante. Lugares donde vive gran parte de la fuerza obrera de la ciudad, que son los que con sus manos han construido este éxito turístico y lo mantienen con su trabajo.  Pero, para su modelo de planeación turística de enclave, esos lugares le han tenido sin cuidado a FONATUR, pues su modelo no es el desarrollo humano, es el desarrollo inmobiliario e incluso uno que se beneficia de cierto grado de especulación

Nótese que FONATUR invirtió más de $520 millones de pesos para urbanizar el sitio, mientras se obtuvo $2,040 millones de pesos en ventas de lotes, a pesar de ser un área de manglares en la cual no debería desarrollarse. Todo bajo el pretexto de generar empleos y atraer inversión, pero sin que tuvieran el más mínimo interés en mejorar la cotidianeidad de las personas que viven y mantienen la ciudad, rechazando su derecho a gozar de ella.

Es así que Tajamar sucede como un fenómeno ligado más allá del turismo internacional, sino también al mercado interno que surge de la aglomeración de miles de personas en una ciudad. De las necesidades urbanas de un sector de la población en Cancún y de sus empresas. Una lógica novedosa y un nuevo desafío a la sustentabilidad de la zona: la suma de la especulación inmobiliaria urbana y turística de FONATUR en sus acuerdos con los grupos inmobiliarios. Esos acuerdos se están volviendo la base de la construcción de una ciudad excluyente y no sustentable. Muy a pesar de que el gobierno haga eventos internacionales sobre la sustentabilidad y conservación de la biodiversidad en Riviera Maya.


[i] Pérez Villegas, Graciela, & Carrascal, Eurosia. (2000). “El desarrollo turístico en Cancún, Quintana Roo y sus consecuencias sobre la cubierta vegetal”. Investigaciones Geográficas, (43), 145-166.
[iii] SEDESOL. (2012). La expansión de las ciudades 1980-2010. México: Secretaría de Desarrollo Social.

Este texto se publicó originalmente en La Brújula de Nexos

27 julio 2017

Las ciudades versus Trump


Ninguna ciudad puede decir que no vamos a convertir nuestras fuerzas policiales en agentes de inmigración…¿pero no sería más fuerte si 200 ciudades lo dijeran e hicieran simultáneamente Bill de Blasio, Alcalde de Nueva York.

Desde su campaña a la presidencia de Estados Unidos de América (EUA) Donald Trump ha tenido un discurso anti-inmigrant, llevándolo a proponer desde la creación de un muro fronterizo con México, restricciones de entrada y la deportación de los inmigrantes sin papeles. Para ello ya ha firmado tres órdenes ejecutivas en este sentido. Una de ellas pretende limitar los fondos federales a las ciudades santuario, si no cooperan con el envío de información al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas del gobierno federal sobre la situación migratoria de una persona con el fin de deportarla de EUA.
Cabe señalar que las ciudades santuario, es el término genérico usado para jurisdicciones (estados, condados y ciudades) que limitan su cooperación con los agentes de inmigración del gobierno federal de EUA, protegiéndolos de facto de una posible expulsión del país. Por ejemplo, en Chicago, existe una regulación (Welcoming City Ordinance) que prohíbe arrestar a una persona solamente por su situación migratoria o negarle un servicio público. Regulaciones similares existen en al menos  663 condados y cinco estados de EUA

Ilustración 1: Ciudades Santuario en Estados Unidos de América


La ley decretada por Trump ha generado una fuerte oposición entre muchos alcaldes de grandes y pequeñas ciudades de EUA. Por ejemplo, los alcaldes de Nueva York y Chicago, Bill de Blasio y Rahm Emanuel, han confrontado públicamente ésta política, mientras que la ciudad San Francisco ha entablado una demanda de inconstitucionalidad contra la orden ejecutiva firmada por Trump. Incluso, Los Ángeles ha descriminalizado el comercio ambulante, para evitar levantar cargos criminales contra inmigrantes que pueden poner su estadía en riesgo. 

Esta reacción de las ciudades de EUA tiene su lógica, dado el enorme peso que tiene la población inmigrante sin papeles en muchas ciudades. De acuerdo a un reporte de CityLab Latino, se estima que en EUA viven 11.1 millones de inmigrantes sin papeles, de los cuales el 61% vive en 20 áreas metropolitanas (que concentran el 36% de la población total de EUA). Las zonas metropolitanas que más resaltan son la de Nueva York, en donde habitan hasta 1.15 millones de inmigrantes que representan el 5.7% de su población, y Los Ángeles, donde los inmigrantes alcanzan el millón de habitantes y representan hasta el 7.5% de su población. 

Ilustración 2: Las 20 áreas urbanas con mayor población indocumentada

Fuente: Cortesía de CityLab Latino/Univision. Información publicada originalmente en la nota  Estas son las ciudades con más inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

Dado el peso económico de las ciudades y en muchos casos su presencia mediática, se han convertido de inmediato en rivales de las políticas de la administración Trump y se ha argumentado que pueden llegar a contrarrestar su poder. Como De Blasio ha mencionado si combinas el poder de las ciudades americanas, eso puede ser realmente un cambio de juego en términos de moderar esa agenda

Tabla 1: Población indocumentada por área metropolitana en EUA


Fuente: Cortesía de CityLab Latino/Univision. Información publicada originalmente en la nota  Estas son las ciudades con más inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.


Además, las ciudades han sido de una u otra forma epicentro de resistencias contra el nuevo gobierno federal de EUA. En varias grandes ciudades se han presentado todo tipo de protestas contra Trump, desde el anuncio de su elección, el día de que asumió como presidente, hasta protestas en los aeropuertos en reacción al veto de entrada a EUA a población de 7 países de mayoría musulmana. Probablemente la mayor de estas ha sido la llamada Día sin inmigrantes, una huelga de empleados de restaurantes y de trabajadores de la construcción en las grandes ciudades para demostrar su importancia económica. Los inmigrantes representan el 22% de la clase obrera y el 17% de los empleados en el sector servicios, llegando a representar más del 50% de los trabajadores en ciudades como Los Ángeles, Miami o Nueva York.

No extraña así que tres gobernantes de las ciudades más importantes de México (el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, el presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, y el presidente municipal de Ciudad Juárez, Armando Cabada) se reunieran con el alcalde de Chicago y buscarán tender puentes para discutir sobre comercio, inmigración y protección de derechos humanos.  Asimismo, esta cooperación entre ciudades de México y EUA puede ser fundamental en términos económicos, ya que el 69% del comercio binacional se realiza entre las zonas metropolitanas de ambas naciones

La resistencia de las ciudades sin duda puede ser esencial para evitar la difusión de políticas que afecten a los inmigrantes. Sin embargo, habría que ser cautos, pues en parte el éxito de muchas grandes ciudades de EUA se debe al conectarse con la economía global, éxito que también fue lo que generó una gran disparidad y separación con la realidad de gran parte de la población de EUA (algo similar al contexto detrás del Brexit). Un fenómeno que se le ha llamado la gran divergencia, caracterizado por empleos de altos ingresos en el sector servicios concentrados pocas en grandes ciudades. 

Basta ver los resultados de las votaciones de la elección presidencial para notar que dichas brechas fueron capitalizadas por el discurso xenófobo y nacionalista de Trump. Mientras Hillary Clinton ganó en 90% de los centros urbanos, Trump arrasó entre el 75% y 90% de las zonas rurales, ciudades pequeñas y medias y en los suburbios.

Si bien es necesario tender puentes y alianzas con las ciudades santuario, en defensa de los connacionales y aprender de sus políticas de defensa a los migrantes, también habría que comprender las lecciones que brindan. El impulso de un modelo económico urbano basado en la idea de ciudades globales (ciudades competitivas) ha generado enclaves alejados de la realidad, que además de fragmentar poblaciones urbanas y naciones, es un caldo de cultivo para el surgimiento de políticos extremistas. Es claro que en un país tan desigual como México acentuar las brechas sociales y la desigualdad siguiendo el mismo modelo urbano no puede traer nada bueno. Hay que reconsiderar la idea de ciudades competitivas, es decir, que compiten entre sí por atraer inversión internacional, cuando lo que se requiere es que cooperen las ciudades entre sí para el desarrollo y protección de la nación.

Este texto fue publicado originalmente en La Brújula de Nexos

26 julio 2017

Donald Trump y la crisis del neoliberalismo en México

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha desatado un conflicto económico y político con México, en el cual han salido a relucir las limitaciones del modelo económico neoliberal adoptado en México desde los ochenta. Las élites tecnocráticas mexicanas y sus grupos políticos afines impulsaron, desde esa década, un modelo económico de libre mercado, con énfasis en la integración económica con Estados Unidos mediante el Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCAN). Esto bajo la idea que el crecimiento del país vecino beneficiaría considerablemente a México. El gobierno no se vería obligado a intervenir en la economía, “dejaría hacer”, para que los negocios (y el país) crecieran mediante el comercio internacional. Se pretendía llevar a nivel internacional la idea de que el crecimiento de los ricos gotearía eventualmente a los de abajo (trickle-down economics).

Comercio exterior de México, total y con Estados Unidos
Fuente: Banco de México.
Sin embargo, la estrategia se quedó corta en comparación a lo sucedido en Europa o el sudeste asiático, donde más allá del aspecto comercial hubo políticas que fomentaron una verdadera integración económica y política. En la Unión Europea se dio la construcción de todo un entramado institucional, que incluyó la adopción de una moneda única, uniones fronterizas, transferencias para el desarrollo y el libre tránsito de personas, entre otras. Mientras que en el sudeste asiático los tratos de transferencia tecnológica fueron básicos para desarrollar a Taiwán, Singapur, China y Hong Kong.
Si bien este modelo de libre mercado llevaba años haciendo agua en México y en el mundo (generando bajo crecimiento, bajos salarios, empleo informal y precarizado y distribuyendo pésimamente los ingresos nacionales), hoy queda de manifiesto todas sus limitaciones. La administración de Trump ha decidido que renegociará el TLCAN (bajo el argumento de que fue un mal trato que destruyó la manufactura y causó desempleo en Estados Unidos), impondrá impuestos a las importaciones de México y construirá un muro en su frontera, y que este lo pagará México. El mensaje ha dejado en claro que el gobierno estadounidense ya no quiere sostener una relación comercial con México, con el pretexto de que los mexicanos y sus negocios son perniciosos. Por lo pronto, esto ha causado la devaluación del peso, algunas cancelaciones de inversiones extranjeras, una crisis política interna y posiblemente cause, en el futuro, una recesión económica. Para lograr esto, Trump simplemente ha ejercido el poder que tiene como presidente de la potencia más grande del mundo, sacando a relucir la xenofobia que aún persiste en parte de la población estadounidense.

Curiosamente Trump, quien ahora se niega a tener una relación económica con México y otras naciones, tanto en sus acciones como en su persona, refleja muchos de los rasgos que la elite mexicana ha utilizado por años para mantener sus privilegios: el poder vertical, la mentira sistemática, el racismo, la xenofobia, el machismo, el anti-ambientalismo y el libertarismo pro-empresarial; además, el gobierno de Trump está lleno de conflictos de intereses y será conformado por billonarios, ese 1% de la población que concentra el 20% de la riqueza de Estados Unidos; además, Trump es alguien que ha aumentado su riqueza evadiendo impuestos, siendo un rentista, nunca a base de productos o servicios innovadores o por esfuerzo propio.

Las anteriores son características muy similares a las de la elite y los políticos mexicanos beneficiados por el TLCAN y el modelo neoliberal, una élite que se ha negado a ver el problema de la desigualdad, la expulsión de millones de mexicanos a Estados Unidos durante este periodo, y cuyas políticas han provocado en el país un auténtico estado de guerra y el deterioro de la naturaleza y el medio ambiente. Una élite que en el 1% de la población acumula el 21% de la riqueza del país y que no había tenido la necesidad de negociar (a la vista del público) o enfrentarse con alguien más poderoso que ella, hasta ahora.

Por ello, en este momento no tienen elementos ni instrumentos para enfrentarse con el país que siempre quisieron que los “salvara” sin tener que renunciar a sus vicios (la corrupción, el clasismo, el racismo, el malinchismo y el machismo). La élite tiene miedo de que al cancelarse el TLCAN se disipe su posición de privilegio. Incluso se podría decir que nuestra élite atravesará por una crisis de identidad, sabiendo que ésta ha rechazado siempre la identidad popular del lugar donde nacieron, pretendiendo una supuesta “modernidad” que se identificaba más con Estados Unidos que con cualquier lucha o símbolo popular mexicano. Hoy la elite neoliberal y sus grupos políticos están, por lo tanto, en crisis.

Esta crisis representa una oportunidad única para la izquierda para proponer una visión renovada que vele por eliminar la desigualdad, acabar con el conflicto doméstico y generar un desarrollo interno. Para ello habría que adelantarse a Trump, dejar el TLCAN de inmediato y sujetarnos a los términos de la Organización Mundial del Comercio. No se trata de dejar de hacer comercio con Estados Unidos y el resto del mundo, sino de hacer un comercio justo entre naciones, tomando en cuenta las asimetrías de las economías y sus necesidades. Comerciando de tal forma que nuestra economía no se base en abaratar año con año la mano de obra, sino de generar empleos de calidad y con prestaciones para una vida digna.

También es momento, por otro lado, de legalizar la mariguana y reducir los males de la guerra contra el narco, que ha florecido gracias al neoliberalismo y las directrices de Estados Unidos. No tendría México por qué asumir los costos de las estrategias de un país que lo empieza a tatar con injusticia y sin reciprocidad. Tampoco debería aceptar la nueva política migratoria de Estados Unidos; el gobierno debería de proteger a los migrantes mexicanos en Estados Unidos, dejar de bloquear a los migrantes que cruzan por el país (en lugar de usarlos de moneda de cambio), así como hacer del país un santuario para los refugiados de países que Trump empiece a bloquear.

Hay que generar aliados políticos en el mundo. No son pocos gobiernos los que han expresado solidaridad con México o tienen un rival en común, desde naciones hasta ciudades en Estados Unidos que han decidido proteger a los migrantes. Y, por supuesto, también hay que tejer alianzas transnacionales con los movimientos feministas en Estados Unidos y el ambientalista del mundo. Hay que recordar que Trump niega el cambio climático y que existe la amenaza real de que se retire Estados Unidos del acuerdo contra el cambio climático firmado en Paris.

De igual forma es momento de mirar nuevamente hacia dentro, de fomentar un desarrollo económico interno que nos haga menos vulnerables del exterior y reconfigure la dependencia con Estados Unidos. Esto implica tomar decisiones complejas y difíciles, pero necesarias, como reducir nuestra dependencia del petróleo y la gasolina (que vendemos e importamos mayoritariamente del vecino del norte), limitar el imperio del automóvil particular, crear formas de movilidad públicas y sustentables y llevar al país hacía una transición energética.

Incluso, habría que dejar que Trump construya su muro y ver cómo se vuelve insostenible ante el enorme costo que implicaría su construcción (de quince a veinte mil millones de dólares) y su mantenimiento (750 millones de dólares anuales), si es que puede lograr ser aprobado en el Congreso estadounidense. Esto puede ser fundamental, pues es claro que su promesa y sus declaraciones sobre el muro han servido para distraer de otros aspectos políticos fundamentales, por lo que alimentar este frente es debilitar la atención del público a otros temas que podrían debilitar su poder.

En conclusión, solo creando y adoptando un modelo económico y político diferente, que se enfoque en la eliminación de la desigualdad y los conflictos internos, podremos sobreponernos a la crisis generada por el seguimiento ciego del relato neoliberal. El camino de la sobredependencia económica con Estados Unidos se ha mostrado erróneo y mantenerlo solo puede significar mayor vulnerabilidad y crisis para México.
(Foto: cortesía de Jonathan McIntosh.)

25 julio 2017

El futuro de Cuba: tres reflexiones



Como nos recuerda Sergio Silva, la Revolución cubana liderada por Fidel Castro significó un parteaguas para Cuba (y fue también una de las grandes historias románticas del siglo XX). No solo permitió que Cuba se liberara de una dictadura, sino que le permitió convertirse en un país independiente; fue, al mismo tiempo, una revolución anti-colonialista y socialista, que convirtió a Cuba en participe del concierto de las naciones, en especial en América Latina. En medio siglo hubo grandes logros para el pueblo cubano y grandes desaciertos de los cuales la izquierda contemporánea debería de aprender.

Dado este contexto, la muerte de Fidel Castro ha desatado reacciones de toda índole en todos los espectros políticos de México y el mundo. La muerte del icónico líder revolucionario generó críticas virulentas en la derecha y una sensación de luto en la izquierda. Ante ello, es necesario que la izquierda de corte democrático se posicione, pues Castro y su Revolución son tremendamente importantes en el imaginario latinoamericano de las izquierdas. 

1.México no es Suecia.[1]
La principal crítica de la derecha mexicana (y la de otros países) fue la de que el régimen cubano llevó a la miseria al pueblo cubano; que expulsó a parte de su población; que no respeta los derechos humanos; que es un país atrasado en muchos temas, etc. (En este relato, por cierto, nunca se menciona el papel del bloqueo económico de Estados Unidos.) Vale la pena notar desde donde escriben estos críticos. Suelen ser los mismos que se han negado a reprobar la muerte y desaparición de miles en México debido a la guerra contra el narco de los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, que ha venido acompañada de una enorme violación de derechos humanos en el país. También suelen ser los mismos que evitan criticar el modelo económico que ha generado millones de pobres en México y una desigualdad extrema; los que se resisten a subir el salario mínimo y a aceptar y actuar contra la violencia de género, un problema endémico; los que están en contra del matrimonio igualitario; los que escriben en medios cooptados por diferentes gobiernos. Cuba supera a México en diversos indicadores, como alfabetización, salud e incluso en el Índice de Desarrollo Humano (Cuba es el lugar 67; México, el 74) y el PIB per cápita[2]. Subrayando solamente los errores del régimen cubano, esta crítica tiene el fin de invisibilizar el México desigual y marginado –también sin derechos humanos y sin oportunidades económicas– que sostiene, y ha sostenido, sus privilegios. 

2.De la falta de democracia y la violación de derechos humanos en Cuba.
La revolución cubana permitió crear un Estado socialista en un mundo polarizado por la Guerra Fría. El surgimiento de una Cuba socialista, alineada al bloque soviético, significó una afrenta a los Estados Unidos, que trató, en más de una ocasión, de derrocar al régimen cubano financiando invasiones directas y hasta intentos de asesinatos a Fidel Castro. Esto provocó que el régimen se cerrara para protegerse, imposibilitando la creación de una democracia directa e incitó la persecución de cualquiera que considerase enemigo del régimen (por temor a que la disidencia fuera la punta de lanza de una intervención de Estados Unidos). De esta forma se garantizaba la continuidad del régimen, pensaban los gobernantes cubanos, ante la intervención directa de los Estados Unidos en las elecciones o en otro tipo de movimientos sociales. Existía –bastante cerca– el ejemplo de Chile: un régimen socialista que surgió del voto popular y fue depuesto mediante un golpe militar apoyado por los Estados Unidos, que dio paso a  una dictadura militar represiva. La persecución de la disidencia en Cuba es un capítulo negro, pero el tema es complejo: las élites del régimen de Fidel Castro no quisieron tener una política más democrática porque pensaban que, teniendo como vecino a la nación más poderosa y las más intervencionista, no existía otra manera actuar para sobrevivir.

Ahora bien, en Cuba se realizan elecciones bajo un sistema parlamentario, que impide a los ciudadanos elegir directamente a su presidente. Este método de elección acotada (calificado como una farsa por sus críticos), podría compararse en cierto sentido con el de Irán, donde los candidatos son sancionados por una Asamblea de Expertos. No obstante la falta de democracia en Cuba, este ha sido un régimen sui generis. Difícilmente se le puede comparar con distintos tipos de dictaduras que han enriquecido únicamente al gobernante y sus familias (como las existentes en África y Medio Oriente) o calificarlo de ser un régimen dictatorial que cometió, sistemáticamente, crímenes de Estado (como lo fueron las diversas dictaduras afines a Estados Unidos en América Latina, como la chilena). Cuba es más un Estado autoritario y paternalista que una dictadura antidemocrática y represiva como la quieren pintar.

Cabe señalar el papel de un segmento de la izquierda que ha estado centrado en criticar justo las faltas derechos humanos y democracia, obviando cualquier critica al papel del bloqueo económico de Estados Unidos, que ha causada enormes problemáticas dentro de Cuba. Justo una situación que tanto ha permitido al interior de Cuba sostener una posición autoritaria, como a su vez ha incentivado la migración de la población cubana. Una posición simplista que ha resultado perjudicial para la misma izquierda. 

3. Cuba puede emprender una nueva Revolución de izquierda.
Ante el ascenso de la derecha radical en el mundo (Trump, Le Pen, etc.), Cuba podría jugar un papel como un faro importante para la izquierda si emprende cambios que antes no había podido hacer por razones (geo)políticas. Por ejemplo, no sería difícil avanzar aún más en los derechos LGTB de lo que se ha hecho, permitiendo el matrimonio igualitario, mayores protecciones sociales y la adopción entre parejas del mismo sexo. También debería de avanzar en la legalización del uso de drogas y su producción desde el autoconsumo y la autoproducción. Igualmente, tendría que emprender una agenda de mayor democratización. Esto podría suceder de distintas maneras, pero un primer paso podría ser que el parlamento elegido tenga más poder de decisión sobre la vida política y económica del país. De tal forma que comience a existir una fragmentación del poder que permita a todo ciudadano participar activamente en la construcción del futuro de Cuba.

Es claro que, viéndolo desde la tradición de la izquierda democrática, no es deseable que el régimen cubano se convierta en Corea del Norte, en un dictadura con mercado como China, en un régimen oligárquico capitalista como el ruso o en un Estado intervenido políticamente por Estados Unidos. Cuba puede emprender una nueva Revolución de izquierda que demuestre que es posible construir un socialismo con respecto a la diversidad, la libertad individual y con una democracia suficiente para crear una sociedad distinta y más incluyente. No por nada Slavoj Žižek ha mencionado que “hay que olvidar a Castro lo antes posible”, para impulsar cambios radicales desde la izquierda en Cuba. Bien vale la pena el intento en estos momentos de la historia en que los movimientos xenófobos de la derecha radical cobran poder y relevancia en el mundo.
(Foto: cortesía de Mídia NINJA.)

Notas
[1] Parafraseando a José Merino.
[2] Aquí se puede leer una crítica al Índice de Desarrollo Humano y del PIB de Cuba.

Publicado originalmente en Horizontal.mx

24 julio 2017

La destrucción de ciudades por la guerra: Alepo, Sira


La destrucción de grandes ciudades por la guerra ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, lo cual solía marcar la caída de imperios y civilizaciones enteras. No obstante, a partir del siglo pasado la destrucción de grandes ciudades se ha multiplicado y hasta industrializado, resultado tanto de una población mundial mayormente urbanizada, así como de innovaciones tecnológicas, como el vuelo, que han permitido el bombardeo en masa. 

Durante la segunda guerra mundial se presenció por primera vez en la historia de la humanidad la destrucción total y parcial de ciudades en todo el mundo mediante bombardeos, como en:  Hiroshima, Nagasaki, Tokio, Manila, Chongqing, Berlín, Colonia, Dresde, Varsovia, Stalingrado, Milán, Rotterdam e incluso partes de Londres. 

Si bien una guerra a tal escala no se ha repetido, los conflictos armados desde la década de 1950 a la fecha han continuado destruyendo ciudades de distintas formas. He ahí los casos de Pyongyang, Hanoi, Beirut, Mogadiscio, Sarajevo, Grozni, Kabul, Sirte, Trípoli, Bagdad, Faluya, Mosul, Taiz, entre otras.[i] En este sentido, Alepo es por desgracia, un caso más de la industrialización de la guerra. No por ello un evento que se debe minimizar. 

La dimensión de la destrucción de estas ciudades muchas veces sólo se ha podido documentar mucho tiempo después de acabada una batalla o el conflicto armado. Sin embargo, hoy la guerra civil en Siria, entre el régimen de Bachar al-Ásad y los rebeldes sirios, ha traído una novedad macabra. Durante la reciente batalla por la Alepo, la segunda ciudad en importancia de Siria, se ha mediatizado enormemente su destrucción. Probablemente producto de la enorme politización y tensión entre las potencias internacionales involucradas en el conflicto: EUA y Rusia. Esta mediatización ha llevado a documentar no sólo su reducción de población, los miles de fallecidos o la perdida de patrimonio historio y cultural; sino lo extenso del daño a la ciudad para ganar su control. 

La ONU, a través de su programa de aplicaciones satelitales (UNSAT), liberó tres mapas mostrando la extensión de la destrucción de la ciudad al 18 septiembre, tres meses antes de finalizar la batalla, con resultados escalofriantes. Los datos señalaban 35,722 estructuras afectadas, de las cuales 4,773 fueron destruidas, 14,680 severamente dañadas y 16,269 moderadamente dañadas. El 93% de las edificaciones dañadas eran residenciales y en 55% de los barrios de la ciudad el número de edificaciones dañadas superaba el 40%. 

El mapa de daño en zonas residenciales es claramente el más ilustrativo de lo extensivo del daño a la ciudad. Esto lo hace mediante un mapa de calor que cubre más de la mitad de la urbe, en otras palabras, las zonas coloreadas de color rojo son donde el daño ha sido el máximo afectando al 100% de las edificaciones residenciales (casas y edificios), degradando en una escala de colores cálidos hasta llegar a amarillo donde el daño ha sido mínimo y sin color donde ha sido nulo.



DAÑO PORCENTUAL EN ZONAS RESIDENCIALES DE ALEPO, SIRIA (SEPTIEMBRE DE 2016)
Fuente: El País y UNSAT.

Lo más escalofriante de esta información es que no es la definitiva, ya que no incluye los combates sucedidos entre septiembre y diciembre de 2016. En especial, no registra el daño de los bombardeos rusos, aliados del régimen sirio, a las posiciones rebeldes. Razón por la cual la destrucción debe ser mucho mayor que la estimada. 

De igual forma, es posible sospechar que las partes más dañadas por la etapa final del conflicto sean las mismas establecidas por este análisis de la ONU. Esto debido a que coinciden con las que dominaban los rebeldes sirios y que fueron tomadas por el régimen de al-Ásad y sus aliados en una ofensiva terrestre iniciada el 27 de noviembre y terminada el 22 de diciembre (aquí se puede apreciar los cambios en la posesión del territorio). 

Sin duda en los siguientes meses aparecerá nueva información sobre la extensión de los daños en Alepo, que muestre de nueva cuenta lo devastadora que ha sido esta guerra, que se estima ha cobrado la vida de 450 mil personas[ii] y generado una gran crisis de refugiados en Europa y Medio Oriente. Este tipo de información también debería de generarla la ONU para otros conflictos que suceden ahora mismo, como las batallas por el control de Mosul en Irak; Taiz en Yemen, o la reciente batalla finalizada de Sirte en Libia. Y tal vez, sólo tal vez, la población mundial pueda comprender el horror de estos conflictos y presionar a la comunidad internacional y los involucrados para detenerlos y prevenir el inicio de nuevos. 


[i] Pyongyang en la guerra de Corea en la década de los cincuentas; Hanói en la guerra de Vietnam de 1955 a 1975; Beirut durante el sitio israelí de 1982; a Mogadiscio, por la guerra civil somalí iniciada en 1991; la devastación de Grozni, debido a la intervención rusa en Chechenia; Sarajevo, en la guerra civil yugoslava de 1992 a 1996; Kabul, por la intervención rusa de 1978-1992 en Afganistán, la guerra civil que la continuó y la intervención de EUA en 2001; Sirte y Trípoli por la guerra civil de Libia iniciada en 2011; Bagdad, Mosul y Faluya, en Irak, por la intervención de EUA en 2003 y sus continua guerra interna, y Taiz por la intervención militar de Arabia Saudita y aliados en la guerra civil de Yemen en 2015.
[ii] Cifra a noviembre estimada por I AM SYRIA http://www.iamsyria.org/death-tolls.html

Publicado originalmente en La Brújula de Nexos.